viernes 3/12/21

Vacas

Cautivo y desarmado el ejército de las eléctricas, después del aviso de que en Unidas Podemos están «muy preocupados» y siguen «empujando para todas las medidas que rebajen la factura de la luz», como podrán ver ustedes mismos en su recibo, el ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha decidido salvar esta semana el planeta con un tuit en el que reclama que se reduzca el consumo de carne. Después de los bancos y las grandes corporaciones, el dirigente escoge como siguiente enemigo a las vacas. No cabe duda de que cada cual necesita rivales a su altura, como demuestra el estadista, empeñado en encarar el reto con la estrategia de toda su actividad, basada en confundir el BOE con el Twitter, y el mismo espíritu político, centrado en prescribir recomendaciones para la vida privada ante la ineptitud para regular la pública. La cuaresma en la que quiere meternos el titular ministerial, que se ha vuelto vegano después de canibalizar a su partido, persiste en culpar a la ganadería del efecto invernadero, del derroche de 15.000 litros de agua para producir un kilo de carne y de que Leticia Sabater vuelva a cantar, mientras se potencia la concentración de factorías en los grandes núcleos urbanos y la acumulación de población a su alrededor. La alerta por el peligro de las flatulencias del vacuno reedita las amenazas que se cebaron desde la UE hace décadas, con el concurso de los Gobiernos de turno, para empujar al abandono incentivado de las granjas de leche, que se quedaran los cupos Francia y Alemania y ahora tengamos que importar un producto que manaba aquí con la intensidad que florece la maría en Jamaica. Pero cuando apenas quedan ganaderos en León, irreductibles al ataque de los lobos, los políticos y los intermediarios, el Ejecutivo central, que lo lleva en su plan España 2050, lanza otra de sus campañas de ingeniería social con las tácticas que antes imponían el canon de moda el Hola y la Superpop. No comer carne se vuelve moderno, sostenible, ecológico, progresista y saludable, como prescribe el doctor Garzón, pese a que el médico de IU era Gaspar Llamazares y el político, también. Vienen a por la Duqueeeeeesa, la Emperadooooora, la Moooora y la Ruuuubia, pronunciadas así, con la penúltima sílaba arrastrada. Sus nombres siguen en el dintel de los pesebres de toda cuadra leonesa, como la que tenía mi abuelo Lumi, el carnicero. A mí no me cogen vivo. El próximo chuletón, como los ministros: poco hecho

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