jueves 26/5/22

Voladuras

Con la yema del índice dibujó León hace más de medio siglo el sueño de un horizonte industrial perfilado por la silueta de dos rascacielos con la peña del Asno detrás. Desde la ciudad, señorita y siempre de espaldas a la provincia, el trazo se alzó en lontananza para avistar los penachos que prendían de las dos torres, desde donde se deshilachaban sus flecos blancos en el cielo cuando tiraba el viento del norte para descorrer la estela del carbón consumido por el fuego. El futuro daba pistas en aquellas chimeneas inmensas como volcanes en las que se cerraba el ciclo del mineral, desde la oscuridad de las entrañas de las minas hasta la luz que llegaba a las casas, y por su rastro corría el dinero como si no fuera a acabarse nunca. Se abrían tiendas, se censaban vecinos y se atropellaban las rondas en las barras de los bares. Pero el progreso cambió de rumbo. Cuando todo estaba hipotecado a una carta, los mismos que habían alentado el sacrificio para cebar sus intereses económicos empezaron a buscar coartadas para el abandono. Se criminalizó a los mineros por sus sueldos, se cerraron los pozos, se dejó sin alternativas de reconversión a los habitantes y, al final, se terminó por volar los faros que habían servido de símbolo de aquella prosperidad traicionada.

La demolición de las torres de la central térmica de La Robla, como antes en Anllares, como pasará en Compostilla, aniquila los últimos vestigios de herencia industrial sin saldar la deuda con el territorio y sus habitantes. La publicidad de la transición justa, que emplaza ahora el futuro a la construcción de una planta de producción de hidrógeno todavía por ver, esconde los daños de la política precipitada de cierres del Gobierno. La trampa del cambio de modelo energético deja por ahora tan sólo las amenazas del reguero de proyectos de parques eólicos, que acabarán por esquilmar la montaña leonesa, y de macroplantas solares, que se aprovecharán de la tierra quemada por la despoblación incentivada desde hace años. El nuevo sacrificio para surtir de energía al resto de regiones, donde se asientan las apuestas industriales alimentadas por este esfuerzo, se traicionará de nuevo con el hurto de los beneficios económicos, sin generar riqueza aquí. Ya lo hemos visto. Torres más altas han derribado. La voladura de León está programada.

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