lunes 24/1/22

El virus de Ayuso

La solidaridad es la sonrisa de los pueblos». Algunas personas recordarán la frase que desapareció sobre una desconchada pared de la plaza de Santa Ana de León. Tan bellas palabras remataban un mural de Manuel Sierra, el pintor de la solidaridad, dedicado al 0,7%. ¿Se acuerdan? Aquel movimiento cívico y social de los hombres y las mujeres de los países del norte que reclamaba justicia y equidad para las mujeres y los hombres de los países y pueblos del sur.

La solidaridad se ha convertido en una extraña palabra. La hemos borrado poco a poco del imaginario colectivo y se la apropian quienes pregonan el racismo, la exclusión y la desigualdad como un valor, como una forma engañosa de blindarse frente a la barbarie que provoca el voraz sistema económico.

La solidaridad está en cuarentena en esta Europa nuestra que hacina a inmigrantes en islas y prende el fuego sobre la miseria como si se tratara de un espectáculo más. La Europa que pide cuentas a los ‘pigs’ del sur, mientras custodia las fortunas sin conciencia de los buitres del norte. El choque norte-sur se traslada ahora a Madrid. La justificación de las vallas que tendimos sobre Ceuta y Melilla sirve ahora para separar los barrios de Madrid en función de la intensidad del virus. Casualmente, los distritos confinados son del sur, los más pobres, los que tienen casas más pequeñas y con mayor número de habitantes, los que alojan a las personas que se desplazan en transporte público para ir a trabajar, para hacer camas a los hoteles, limpiar oficinas y hospitales, dar de comer a las personas mayores... Madrid convertida en una Jerusalén en la que la población palestina empobrecida tiene que salir con un pase especial, sorteando obstáculos y humillaciones para servir a sus opresores.

A las puertas de los centros de salud y los hospitales el personal sanitario cuelga carteles para informar a la población del número de profesionales que deberían estar y los que realmente están. La mitad, una cuarta parte... Cifras que explican el retraso en hacer PCR, rastreos y cuarentenas que corten la expansión del virus.

Solidaridad, del adjetivo latino solidus, solida, solidum, significa sólido, macizo, consistente, completo, entero. Hurgando en el origen etimológico de esta palabra comprendo que encaje mal en el tiempo líquido, inconsistente y fragmentario del presente, tan volátil como lo describe Zygmunt Bauman.

El espíritu de Los juegos del hambre impregna el juego político de una presidenta fuera de control. Ayuso pretende contagiar el virus del egoísmo disfrazado de antígeno del Covid-19, con los mismos fundamentos científicos que Trump con la lejía milagrosa. Poco a poco emergerá, sobre la palabra borrada por las olas de este tiempo líquido, la perversión mayor. Tendremos miedo a contagiarnos de una sonrisa.

El virus de Ayuso
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