viernes 27/5/22

María Zambrano, la República y los gatos

María Zambrano no tuvo más remedio que vivir sin patria pero no podía vivir sin gatos. Los amaba hasta tal punto que prefirió irse de Roma antes de renunciar a su vida con la fauna gatuna, de la que se quejó un vecino fascista. Se trasladó a la frontera de Francia con Suiza, antes de recalar en Ginebra, última estación en el vía crucis de su exilio. María Zambrano fue filósofa, republicana y gatuna. Amaba tanto la paz como a los gatos. Tanto como a la libertad.

En el homenaje a las personas asesinadas por la represión franquista que se realiza en la capilla laica del cementerio de León coincidiendo con el día de la República—este año con cuatro días por delante del 14 de abril— recordé a María Zambrano. La filósofa olvidada tejió los cimientos de la razón poética en una época marcada por la guerra y el exilio. «Cuando la razón estéril se retira, reseca de luchar sin resultado, y la sensibilidad quebrada solo recoge el fragmento, el detalle, nos queda solo una vía de esperanza: el sentimiento, el amor, que repitiendo el milagro, vuelva a crear el mundo», escribió mucho antes de que aquel mundo suyo, el de la España que avanzaba hacia el progreso, se viniera abajo.

Estas palabras acarician mis oídos en los últimos días, mientras las noticias de las masacres de la guerra de Ucrania aumentan la temperatura de la escalada y ya se habla de ataque nuclear de Rusia. A veces bajo las escaleras de casa como si nada hubiera pasado, es solo un instante. No hace falta cruzar la puerta para darse de bruces de con la realidad. Una escalada armamentística en medio del silencio y de la ola de solidaridad con el pueblo ucraniano. Ambas cosas me estremecen. La primera porque no creo que las armas consigan la paz. La segunda por pasarme al bando de los optimistas que piensan que nuestro corazón de europeos solidarios se va a expandir más allá de Ucrania.

Volodímir Zelenski habló al Congreso de los Diputados desde una pantalla doble y recordó el bombardeo de Guernica. Se van a cumplir 85 años de la tragedia. Muchos son los paralelismos que se apuntan con aquella España republicana, abandonada a su suerte, y a su muerte, mientras la Alemania nazi y la Italia de Musolini armaban a Franco hasta los dientes ya desde antes del golpe de Estado. A la República española la remataron los aliados cuando le negaron el pan y la sal al finalizar la II Guerra Mundial. Al pueblo ucraniano no le podemos dejar a su suerte. Pero solo la razón poética, que María Zambrano tejió mientras acariciaba a sus gatos, en el exilio, acabará con la sinrazón.

María Zambrano, la República y los gatos
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