Diario de León

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A estas alturas ya nadie duda de que desde León se puede llegar a la Luna. Y más allá. La hazaña de Sara y Pablo, la pareja galáctica leonesa que ha superado las pruebas para ser astronautas de la Agencia Espacial Europea (ESA), da carta de naturaleza a una realidad muy antigua. Porque de León han salido huestes de enseñantes, funcionarios de todas las administraciones y hombres y mujeres de ciencia. Por no hablar de las letras leonesas. Que nos falta el Nobel, vale...

La gesta de Pablo y Sara tiene un valor añadido: son hijo e hija de la escuela pública, descendientes de clase trabajadora, de apellidos corrientes y de sueños ambiciosos. León es una mina de recursos. Ya lo sabían los romanos y lo saben bien las eléctricas y los gobiernos que dejan hacer. Ahora también sabemos, incluso parece que se han enterado en Madrid, que León es una fábrica de talento.

Pero estamos perdidos en la Luna. Y sin sede de la Agencia Espacial Española. Ya no podemos presumir más de talento. Ahora el reto está en cómo retenerlo o hacerlo volver. Nuestro desafío es no convertirnos en el gato solitario que pasea por el tejado de una casa abandonada que contemplé esta semana en un pueblo leonés. Nuestro reto es dejar de decir aquello del último que salga que apague la luz que ya se oía en las cuencas mineras en los años 80.

Perdidos en la Luna nos embaucan con títulos y laureles mientras siguen vendiendo nuestra tierra al mejor postor. Tenemos siete reservas de la Biosfera, numerosos espacios naturales protegidos, quince sellos de calidad, decenas de monumentos, entre ellos Las Médulas que cumple 25 años como Patrimonio de la Humanidad... Atesoramos un caudal de tradiciones, desde el Filandón al toque de campanas, pasando por rituales ancestrales como las danzas de paloteo... Pero no levantamos cabeza. Cada son menos cabezas a contar en censos y padrones. Y es triste ir a los pueblos en invierno y verlos vacíos, sumergidos en la soledad y el frío.

Todo el mundo conoce el problema. Se trata de ponerle solución. Un poco de ayuda de fuera no vendría mal. Ya que no dan nada, que no nos quiten más. Que no prosperen proyectos como los que quieren inundar Cabrera por enésima vez o llenar de parques eólicos y solares las tierras vacías de Maragatería y Omaña. ¿De qué nos vale que nos declaren Sipam si nos destrozan el territorio? La Diputación tiene que ser la primera vigía con ese nuevo galón logrado en la FAO.

Y otra cosa. Hay que cultivar una generación que quiera y pueda quedarse en León. A veces querer es poder. En eso se ha de emplear desde la universidad hasta el ayuntamiento más pequeño. Todo el mundo puede hacer algo. Dejemos de echar a nuestros jóvenes a la Luna. Esta tierra necesita quien la pise y quien la habite. Y menos cuentos de agencias espaciales.

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