domingo 28/2/21

«Vais a morir todas»

La pintada era invisible por la noche. Una estudiante de Químicas, Mercedes Vega, que llegaría a trabajar en Antibióticos en León, dio la fórmula: mezclar la pintura con nitrato de plata. «¡Viva la Universidad libre!», decía. Con la luz del día el nitrato de plata se ennegrece y la pintada se hizo visible en el muro de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid. En 1947 aún había esperanza, siempre hubo quien la tuvo y luchó por ello, de que la dictadura no durara el largo invierno democrático de cuatro décadas.

La pintada escoció tanto al régimen que sus guardianes se afanaron en borrarla y hasta picaron la pared para arrancar las letras subversivas. Quedaron sus huellas impresas. Luego empezó la caza de los estudiantes que trataban de refundar la FUE (Federación Universitaria Escolar) prohibida por Franco. Manuel Lamana y Nicolás Sánchez-Albornoz son los más conocidos debido a que tiempo después protagonizaron una rocambolesca fuga de Cuelgamuros, el Valle de los Caídos. En total 14 personas fueron detenidas, juzgadas y encarceladas. El juez Eymar, un militar encargado del Juzgado Especial de Delitos de Comunismo y Espionaje que, con el tiempo, en 1964, se hizo cargo del Tribunal de Orden Público, les condenó a penas de 1 a 8 años de prisión, el doble de lo que solicitaba el fiscal.

La leonesa Albina Pérez, estudiante de Filosofía y Letras, fue detenida el 8 de abril de 1947 y condenada a dos años de cárcel. Cumplió 14 meses. Redimió pena con un curso de cocina, todo un sarcasmo en aquellos años de plomo y hambre. Hoy, cuando Nicolás Sánchez-Albornoz acaba de cumplir 95 años y Albina Pérez hará 96 esta semana, aquel episodio apenas es recordado por unos pocos. Son las batallitas de una guerra que la democracia decidió olvidar.

Bajo el paraguas de la libertad de expresión se soportan ahora aberraciones que resbalan sobre el sistema como el agua sobre el aceite. «Vais a morir todas», «guarra», «puta» y «vuelve a la cocina» fueron algunas de las lindezas que un hacker dedicó a una víctima de violencia de género en una jornada organizada por la Concejalía de Igualdad de San Vicente del Raspeig en Alicante. La violencia de género, definida en una ley orgánica, la de mayor rango por detrás de la Constitución, es negada a diario por un partido que acumula escaños en el Parlamento, en las asambleas autonómicas y en algunos ayuntamientos. Y-no-pasa-nada. Las mujeres siguen muriendo. Y-no-pasa-nada. Bajo el paraguas de la democracia soportamos a jueces que hablan del Partido Comunista, posiblemente el que más sacrificó por una Transición pacífica por la que otras se cuelgan medallas, como un digno sucesor del juez Eymar. La democracia, en cambio, tiene una piel finísima cuando se trata de injurias a la Corona y al Estado. En estos casos, hace aguas y se escapa por el sumidero en una tormenta perfecta.

«Vais a morir todas»
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