jueves 19/5/22

Veintidós de cien

En Dinamarca, hace doce años, ficcionaron cómo sería una mujer en el poder. La serie Borgen se estrenó en 2010. Al año siguiente, la socialdemócrata Helle Thorning-Schmidt se convirtió en la primera mujer jefa del Gobierno. Su mandato destacó por las medidas neoliberales que llevó a cabo. A Birgitte Nyborg, en la ficción, el primero que le falla es su marido que no aguanta ni un año el papel de consorte y le echa en cara su ausencia en la familia. Es despellejada por los medios por tomar una excedencia para cuidar a su hija enferma. Y cuando, ya divorciada, se echa un novio... Lo bueno es cómo la primera ministra de la ficción encaja los golpes y se levanta una y otra vez. Es capaz de dar la vuelta a los ataques como viento a su favor. De una arremetida personal contra ella sale el escándalo sobre la producción de cerdos en Dinamarca, que salpica al líder del partido más ultra, un tema muy de actualidad en la campaña electoral de Castilla y León donde, ninguna mujer sueña con ser presidenta. La participación de las mujeres en las candidaturas, paritarias por ley, deja mucho que desear si se examinan las cabezas de lista de las 100 candidaturas que concurren a los comicios del 13-F. Tan solo 22 mujeres son la cabeza visible en su provincia. Y bien poco, porque la campaña está orquestada para ensalzar a los candidatos a la presidencia. El Partido Animalista es el que presenta más mujeres, cinco, seguido por el PSOE, con tres; y con dos por el PP, Cs, Vox, España Vaciada y Por Un Un Mundo Más Justo; una cabeza de lista llevan Unidas Podemos, Prepal, Tierra Comunera y Tú Aportas. Por provincias, León, Zamora (4 de 10) y Soria (4 de 11) son las que cuentan con más mujeres número 1 en sus listas, seguidas de Palencia (3-13), Ávila (2-10), Valladolid (2-13), Salamanca (2-14), Segovia (1-8) y Burgos (1-10).

Fuera del estrellazgo de Ayuso ayer en León, las mujeres están en los márgenes de las elecciones. El déficit de participación de las mujeres en la vida política en general y en estas elecciones forzadas en particular es una triste realidad después de casi medio siglo de democracia. Las mujeres reman en todas partes, el liderazgo es cosa de hombres.

Sin embargo, las mujeres y las provincias se juegan mucho en estas urnas forzadas y los aspirantes deben poner las cartas sobre la mesa. Al estilo Borgen. Es costumbre en Dinamarca que los partidos sin opciones de ganar desvelen a quién apoyarán para primer ministro en la campaña. Los partos poselectorales suelen resultar un timo. Es posible que quien ayer se arrogó el empoderamiento de la mujer acabe gobernando contra las mujeres porque niega la violencia machista. Y quien presume de poner a León en el mapa político de España, lo borre con políticas centralistas.

Veintidós de cien
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