jueves. 11.08.2022

De banalidades

Es ésta una sociedad banal en la que se ha perdido la esencia de muchas cosas. Y buena parte de ellas, importantes. Optamos por la superficialidad porque es más cómodo y también más rápido y es lo que toca ahora. Y no voy a enredarme en la enfermedad de la prisa con la que convivimos prácticamente a diario, pero sí, pasamos por muchas cosas de puntillas.

Ahora muchas conversaciones son banales, como las de ascensor, que ya tienen unas pautas a seguir que nos sabemos de memora. Sin trascendencia, con poca profundidad. Porque hurgar hacia dentro ya sabemos que da mucho que hacer.

Yo también pienso que el sexo está banalizado. Pese a que no soy una gran conocedora de lo que se cuece entre los jóvenes, me atrevo a decir que las relaciones, entre personas de cualquier edad, son poco trascendentes en general.

Como en muchas otras cosas, en el sexo se ha vivido una gran transformación en los últimos años, que no décadas, ojo. El asunto aquí parece que va todavía más deprisa. A mi modo de ver, ahora todo se piensa menos. Y, oigan, allá cada uno con lo suyo, pero se oyen cosas, cuanto menos, sorprendentes.

Que a mí me resulte que la forma de relacionarse sexualmente se ha salido un poco de madre, poco o nada tiene que ver con la despoblación. Sinceramente, no encuentro el nexo entre una cosa y la otra al que se refiere el vicepresidente de la Junta, Juan García-Gallardo. Para él, «la hipersexualización» es una de las causas del problema del abandono poblacional que asola a España. El representante de Vox en la administración autonómica habló el fin de semana de muchas cosas: de la infantilización de la sociedad, del aborto o del cambio climático, entre otras. Siempre polémico, García-Gallardo mezcla churras con merinas. Una cosa es la despoblación, que es un problema real y que da mucho juego político porque genera un interminable debate que lo único que hace es marear la perdiz y cansar a la gente porque estamos hasta el moño de que en realidad no se haga nada por atajarla; y otra, el sexo. Porque lo que lleva población a las zonas que no la tienen son: gente, servicios, conectividad, ayudas para asentarse y trabajo. Lo demás, banalidades.

De banalidades
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