domingo 23.02.2020

El pin o lo que de verdad importa

Me quedo loca con el pin parental. Reconozco que me costó un poco adivinar a qué se refería el término cuando empezó la avalancha de informaciones, de comentarios, criticas y contracríticas sobre el tema porque, claro, acaba de empezar la polémica y todavía quedan días hasta que se diluya la tensión que ha generado. Pero, como todo, acabará pasando. O eso espero.

Resulta que Vox defiende que los padres puedan vetar la participación de sus hijos en charlas o talleres extraescolares sobre asuntos como la educación sexual, algo que ya se ha fijado en Murcia y que está en el debate en Andalucía y Madrid. La controversia me parece absurda, tanto como la propia propuesta en sí. La educación sexual no está de más a partir de ciertas edades, pero a mi nunca me la dieron y eso no me ha causado grandes problemas. Eso si, quizás ayudaría a muchos jóvenes a saber realmente a saber qué se traen entre manos cuando se trata de temas como el sexo o la diversidad sexual. El saber no ocupa lugar. No veo nada de malo en que se aborden temas, ni dentro ni fuera del aula, como la libertad sexual o la violencia de género. Me parece productivo. Para tener un criterio propio hay que saber y para saber conviene escuchar, empaparse de cosas aquí y allá. Porque el hecho de vetarlas no las hace invisibles. Al contrario, convendría estimular la curiosidad natural de los niños y los jóvenes y satisfacer su necesidad de saber. Es fundamental

Pero al margen de los detalles, lo que me llama muchísimo la atención es todo lo que se ha generado alrededor porque, sinceramente, me parece que el pin parental no merece tanta atención. Considero infinitamente más importante debatir otros asuntos que atañen a los niños como el obsoleto —y pasado de todo— modelo educativo. Que se aborde cómo convertir los colegios en lugares atractivos en los que se aprenda en función de las necesidades y se respete los ritmos de cada uno, donde se trate a cada niño como alguien independiente, no como parte de una gran masa que hay que modelar, donde no se aprenda a memorizar de forma absurda, donde se fomente la curiosidad y se trabajen valores como el respeto o la empatía. Eso sí que de verdad me parece importante. Más bien imprescindible.

El pin o lo que de verdad importa
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