martes 20/10/20

Me da la risa

Lo de llevar internet al mundo rural es una idea maravillosa y romántica. Y yo, que adolezco un poco de lo segundo, sigo pensando que a lo mejor es posible que alguna vez ‘digitalicen’ un poco los pueblos. Sobre todo, porque dicen que el que la sigue la consigue y no será porque no ha habido intentos. Pero que lo hagan en su justa medida, no vayamos a pasarnos que esto tampoco es la urbe. Ni ganas.

Digo esto porque el tema vuelve a estar de actualidad. En realidad nunca ha dejado de estarlo, porque parece un matrimonio de difícil relación, un ‘quiero, pero no puedo’, una utopía. Pero ahora regresa con fuerza al calor de lo importante que están siendo las nuevas tecnologías en tiempos de pandemia. Está claro, pues está salvando puestos de trabajo, ahorrando visitas al supermercado o facilitando un poco la tediosa tarea del padre-maestro. En los últimos tiempos se ha hecho casi indispensable también para mantener una extraña vida social en la que los abrazos han sido sustituidos por una imagen algo pixelada de nuestros seres queridos. Pero mejor eso que nada. Por eso, porque nos ha hecho la vida un poco más fácil, ahora las administraciones vuelven a la carga con el asunto. Y a mí, la verdad, me da un poco la risa porque no hace falta que nadie me cuente cómo es la vida en un pueblo. Lo experimento a diario. Sé lo que es no tener wifi y también decir que lo van a poner pero nada. Apenas un pequeño rastro de red en algunos puntos concretos. Pero de ahí a tener wifi va un trecho que todavía no ha conseguido salvarse. No sé de quién es culpa. Si de este o del otro, pero tampoco me importa. Lo de buscar culpables siempre me ha parecido una pérdida de tiempo. Pienso que es más productivo emplear ese tiempo en encontrar soluciones. Y eso que yo vivo en un pueblo a pocos kilómetros de la ciudad. Imagino que en la montaña será mucho peor.

Le recuerdo a los responsables que sin una buena red de telecomunicaciones, la España vaciada —esa de la que tanto les gusta hablar, pero que recibe poco cariño— está condenada a morir definitivamente y que, además, internet puede hacernos la vida un poco mejor a la gente de los pueblos. Tomen nota, por favor. O mejor todavía, pónganse manos a la obra y con un poco de suerte, la utopía se convertirá en realidad.

Me da la risa
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