martes 20/10/20

Responsabilidad y rumores lejanos

No me gustaría estar en su pellejo. En el de Sánchez, digo. Lidiar con una crisis como la actual, que parece no tener fecha de caducidad, es una papeleta difícil de resolver. No lo tiene fácil, es cierto, pero percibo, además de cierta desazón, mucha inseguridad en el presidente del Gobierno. Le noto asustado, con poca garra, con más pena que intención. Sus mensajes —muchos contradictorios— no consiguen tranquilizar a la gente ni sembrar cierta calma. Más bien lo contrario. El cabreo generalizado aumenta, mientras apenas se sabe el rumbo a tomar ni hacia dónde nos llevará la pandemia. Se han hecho cosas mal y él, al igual que el resto de miembros del Gobierno, es consciente de ello. Estoy segura.

El asunto de la desescalada se ha quedado en un mantra que todo el mundo escucha varias veces al día, pero que casi nadie entiende porque, la verdad, las consignas no están claras. Y los bulos que circulan por ahí tampoco ayudan, pero la censura no es la solución. A la oposición apenas la oigo, supongo que porque sus mensajes no calan y se quedan en una especie de rumor lejano.

Digo que no me gustaría estar en su pellejo, pero es que yo ni loca me presentaría para dirigir la junta vecinal de mi pueblo, imagínense de ahí para arriba. En cambio Pedro Sáchez puso mucho, muchísimo interés en ocupar el sillón de mando. Tal fue su ansia que muchas cosas le dieron igual para conseguirlo. Lo que no sabía era la que se le venía encima en unos pocos meses. De haberlo sabido, quizás no hubiese insistido tanto.

Este Gobierno no convence, pero también es verdad que son muchos los que no cumplen con su responsabilidad como ciudadanos. Este fin de semana ha sido revelador. Gente paseando bien junta, los dos padres junto a los niños, pequeños jugando tirados en el suelo a pocos centímetros, unos saludando a otros si mantener la distancia adecuada... las imágenes parecían más bien de un mercadillo que de la primera vez que los niños salían a la calle tras cuarenta días de encierro. Todos, absolutamente todos, tenemos que cumplir con nuestro papel. A rajatabla. Porque lo contrario no funciona. Cada uno ya sabe lo que tiene que hacer y es fundamental la responsabilidad en estos tiempos extraños. De ello depende salir adelante o dar marcha atrás. Y no creo que sean muchos lo que apuesten por quedarnos como estamos.

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