lunes 06.04.2020

Para todos nuestros mayores

Se me parte el corazón con las historias desoladoras que nos llegan estos días. Corren tiempos extraños para todos, nadie está a salvo de la pandemia y cualquiera puede convertirse en el próximo positivo. A pesar de que es cierto que, por la salud mental de cada uno, conviene ver esta situación parecida al apocalipsis como una oportunidad para reinventarse en muchos aspectos, lo cierto es que hay personas que lo tienen más difícil. Me refiero a nuestros mayores.

Siempre he sido una gran defensora de la tercera edad. Me encantan sus historias. Tienen una sabiduría que no es común en estos tiempos en los que todos sabemos de todo pero apenas se encuentran sabios. No es lo mismo una cosa que la otra.

Tengo la suerte de tener familiares longevos que han vivido mucho y, aunque no son muy dados a abrirse a la primera de cambio, si que me han hecho reír y alucinar con sus peripecias vitales. Estos días pienso mucho en ellos, les llamo a menudo para comprobar que están bien, más por una inquietud mía que suya. Su vida, al menos antes de los tiempos del coronavirus, tenía como alicientes actualizar la cartilla del banco a diario, tomar algún corto a media mañana, jugar una partida al chinchón o al tute por la tarde y reunirse con los suyos cuando había ocasión.

Ahora su día a día, como el de los demás, se reduce a lo poco que se puede hacer. Y ya no digo nada para aquellos mayores que están en residencias, pendientes de la visita semanal que ahora no llega o de quienes no tienen toda la movilidad física a pleno rendimiento, que son la mayoría. ¿Y quienes viven solos? Sufren la otra pandemia social que asola al mundo en los últimos años: la soledad. Un dolor que ahora es absoluto. Porque ellos no saben nada de tecnología, nunca la han necesitado y ahora, que les vendría bien para contactar con los suyos, se les hace un mundo aprender. Son, además, los que más papeletas tienen para irse y me resulta indescriptible una despedida desde lejos para las familias. Para ellos.

Cuidemos a nuestros mayores. Y así podremos seguir escuchando sus historias como una importante lección para la vida.

Para todos nuestros mayores
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