martes 20/10/20

Un chándal y un perro

Quien tiene un chándal y un perro tiene un tesoro. Es casi mejor que tener llena la cuenta del banco, porque, total, en los últimos 50 días tampoco se ha podido gastar en mucho más que en lo básico. Conviene buscarle el lado bueno a todo, hasta a lo malo.

Lo comentaba alguien estos días: si sales a andar, que es lo más normal y recomendable del mundo, sólo puedes dar vueltas alrededor de una rotonda. Si sales en zapatillas de deporte, puedes ir por toda la ciudad. Es surrealista, no? Es decir, que puedes ir a hacer ejercicio aunque a andar, lo justito. Pero ¿caminar no era también cardiosaludable?

No sé si le pasa a todo el mundo, pero yo estoy algo perdida con tanta norma. Y me he leído unas cuantas guías y manuales en un intento arrojar algo de luz a mi nublada mente. Pero ni aún así. Hay tantos puntos a tener en cuenta y tantos detalles que conviene no perderse que no resulta fácil abrir la puerta de casa sin exponerte a una multa. Uno sale como en tensión. Me recuerda a cuando iba a alguna tienda y antes de cruzar por el detector de alarmas de la salida me invadía la duda de si me llevaba algo por error. Son unos segundos de pánico hasta que traspasas la frontera, luego se pasa.

A lo mejor hubiese sido preferible permitir paseos durante todo el día y con mascarilla. Y perro el que lo tenga, claro. Pero lo del chándal y las zapatillas haberlo dejado en un segundo plano. Digo yo, no sé. De los niños ya no digo nada.

Hay tantas cosas a tener en cuenta, que hay días en los que uno prefiere no salir y no hacer cuentas del metro y medio de separación o de a cuánto está el kilómetro de casa. Para el rato que tenemos tampoco te lo vas a pasar calculando.

En realidad, todo sería más fácil si todos pusiésemos de nuestra parte. Ya saben, sentido común, el menos común de los sentidos. Pero cuando falta el sentido común por parte de todos, se hacen necesarias unas normas que, por muy extrañas que nos resulten, debemos cumplir. Al parece, sale mejor que nos obliguen. En España siempre hemos sido un poco así. Nos cuesta. Pero algunos dicen que cuando despertemos de esta pesadilla seremos un poco mejores. Es una posibilidad.

Un chándal y un perro
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