martes 20/10/20

Aquellos veranos de los años 70

Apocas semanas de que comience oficialmente el verano, todo son conjeturas sobre cómo se moverá el turismo en los próximos meses. Hay mucha preocupación. No sólo por dilucidar cual será nuestro destino este año, sino porque el sector está ‘tocado’ y se trata de uno de los grandes motores de la economía española. A nadie se le escapa que nuestro sol y nuestras playas son la envidia de muchos y es el gran atractivo de España de cara a otros países. No es de extrañar, porque aquí tenemos auténticos paraísos.

Si algo parece claro es que este año las distancias, curiosamente, serán más cortas. Dicen que las vacaciones de la nueva era serán muy parecidas a las de los años 70: familiares, en coche y de proximidad. Yo nací en esa década y conservo algún que otro recuerdo de los veranos de mi infancia. No creo yo que haga tanto, pero en aquel entonces nunca había oído hablar del tren de alta velocidad y el avión tampoco nos hacía falta porque no viajábamos demasiado lejos. Lo mejor estaba bien cerca y con el coche nos bastaba para recorrer la distancia que hiciera falta hasta llegar a destino. El trayecto se convertía, pasada la primera media hora, en un auténtico suplicio para cualquiera que tuviera menos de quince años y algún hermano con el que compartir el reducido espacio de aquellos coches de la época. Lo recuerdo con cierta nostalgia porque hasta hace bien poco pensaba que aquello ya no regresaría. La idea de volver a aquellas vacaciones no me resulta desagradable. Es una de las numerosas paradojas que nos deja la pandemia del coronavirus, que muchas de las cosas que veíamos imposibles ahora se convierten en realidad. Quizás para que dejemos que utilizar palabras como ‘nunca’ o ‘siempre’ con tanta facilidad como lo hemos hecho hasta ahora.

Las escapadas al pueblo, los picnics al aire libre, las comidas en chiringuitos y la poca —pero bien seleccionada— compañía no parecen una mala idea ahora que tampoco quedan muchas más opciones. El decir adiós a las playas y terrazas abarrotadas resulta, aunque no lo parezca, una opción bastante apetecible, aunque sea por imposición y no por iniciativa propia.

Aquellos veranos de los años 70
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