Diario de León

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Pasaron las elecciones autonómicas en Madrid. Como suele decirse, estamos de resaca electoral. Sin duda, los resultados en la Comunidad que alberga la capital de España van a extenderse por todo el país, aunque los perdedores echen balones fuera para minimizar daños. De cualquier modo, la vida política continúa y los problemas que ahí estaban siguen pendientes esperando que alguien les meta mano.

Quizá —es casi temerario afirmarlo, después de todo lo que hemos vivido en este capítulo— exista una nueva oportunidad para renovar el Consejo General del Poder Judicial. Al menos eso se escucha desde el entorno de Pedro Sánchez, que tiene la necesidad de llegar a un acuerdo con el PP lo antes posible. En el momento de romperse las últimas conversaciones, estaba prácticamente hecho el pacto sobre todos los órganos institucionales. Pero lo imposibilitó el empecinamiento en incluir en la terna de vocales del CGPJ, como condición ‘sine qua non’ para dar luz verde al preacuerdo con el principal partido de la oposición, a José Ricardo de Prada, el juez que añadió de rondón la ‘morcilla’ —luego enmendada por la sentencia real— que provocó la moción de censura contra Mariano Rajoy.

«Fue un error», asumen voces socialistas. Una grave equivocación que achacan, eso sí —«muerto el perro se acabó la rabia»—, a la cerrazón del entonces vicepresidente Pablo Iglesias. La presión de la Unión Europea ya ha forzado a Sánchez a desistir de la controvertida reforma del sistema de mayorías para la elección del órgano de gobierno de los jueces. España no puede seguir dando pasos que la coloquen entre los países del club europeo «en riesgo democrático». La iniciativa era formalmente de PSOE y Podemos, pero la renuncia ya fue asumida por el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, quien, en un intento de desviar la atención del cerco a la separación de poderes que ha desplegado durante estos meses, descargó toda la responsabilidad de retomar las negociaciones en el PP.

El nuevo cuadro político que han pintado las urnas madrileñas obliga a cambiar muchas cosas asumidas como normales por el Gobierno de coalición social-comunista. Lo iremos viendo. En política, claro, nada cambia hasta que se percibe que la cuerda no puede estirase más porque se acaba La Moncloa. Y para los grandes partidos, ya se sabe (aunque lo disfracen todo con colores de soñadoras ideas), el mayor objetivo es el poder y, una vez en él, quedárselo el mayor tiempo posible. A la fuerza ahorcan.

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