lunes. 26.09.2022

Tiempos líquidos

Para Pablo Casado, la obsesión es recuperar el terreno perdido por el PP. Reunir a lo que no es izquierda. Liderar la «mayoría natural» de los españoles. Tiempo parece que no va a faltarle. El presidente popular ha salido de la moción de censura zarandeando a Vox en un salto que, además de dejar cicatrices en sus votantes, afectará a Cs, la otra fuerza más preocupada por el cambio de estrategia de Génova. ¡Tantas veces ha soñado Casado con absorber a Inés Arrimadas! Pero antes debe apuntalar sus siglas en la moderación. La «centralidad» constitucional impone un discurso reformista que plante cara a quienes se apuntan a la idea de ruptura, ya sean los programas impulsados por Pablo Iglesias, que desea acabar con lo que huela a Transición del 78, o por Santiago Abascal, que busca ahora poner fin al consenso que nos metió en el club de la Unión Europea. Sin dejar de prestar atención a que el Partido Popular camina primordialmente sobre dos piernas, la liberal y la social. Ambas imprescindibles. Precisamente por el error de Rajoy de mermar la segunda a base de gris tecnocracia, el centro derecha paga estar partido en tres.

Asistimos a una operación que desea convertir al PP en el asidero de los desencantados del sanchismo que buscan cobijo en unas siglas capaces de gobernar para grandes mayorías. Desde luego, el giro de Casado ha dejado descolocado a Pedro Sánchez. Tanto, que ha decidido pasar al ataque y decretar —otra vez— el estado de alarma. Además, ¡por seis meses! Eso sí, mediante un raro subterfugio para que las Comunidades Autónomas paguen los gastos de restringir los derechos fundamentales. Casi cuarenta años después de que el general golpista Milans del Bosch decretase el ‘toque de queda’ el 23-F, ahora Sánchez vuelve a hacerlo. Ciertamente, el presidente entró en el Congreso frotándose las manos con la idea de arrinconar a Casado junto a Abascal y salió dispuesto a barnizar su discurso. Le duró pocas horas la perturbación. Nada está escrito de antemano, menos aún en estos «tiempos líquidos» donde todo se descompone en un abrir y cerrar de ojos. Pero bajo ningún concepto Sánchez dejará de vincular a Casado con la manida «foto de Colón». Le viene bien colocarlo como rehén de Vox y caricaturizarlo de ultraderecha. Además, el estado de alarma, presentado por el presidente como la fórmula infalible para salvar vidas mientras dure la peste, es otra manera de inyectar la duda en los ya de por sí angustiados barones populares.

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