lunes 21.10.2019

Comer y reformar

Comer es como hacer una reforma de la casa. Vas con la intención de pintar un par de habitaciones y acabas viendo modelos de ventanas, suelos flotantes y puertas blindadas. Y pagando las consecuencias del atracón con un par de meses de cajas por los pasillos, cosas que no encuentras y labores para las que jamás pensaste que tú estuvieras capacitado, como hacer agujeros en la pared y colgar un cuadro. Que quien dice manejar una broca y un taco del seis, puede ser vestirse prendas fosforitas e irse a echar carreras por el centro montado en una bicicleta para quemar el exceso de calorías de aquel encuentro que empezó pidiendo unas bravas y terminó a las tantas coronando de gin-tonics una visita a cualquiera de los templos gastronómicos que en León están a la vuelta de cualquier esquina. Comer y reformar, todo es empezar.


Que con el vino te ponen un taquito de queso, pues ya si eso pedimos una ración de callos para matar dos pájaros de un tiro: el tiempo y la gusa. Que semipeatonalizas la calle mayor o te planteas recuperar el Teatro Emperador para actividades culturales, decisión que uno no podría sino aplaudir, pues de paso sueltas como que no quiere la cosa que más adelante habría que dar brillo y modernidad a esos dos amables entornos urbanos ornándolos con una tapa de peatonalización. Salvo en Espacio Vías, que van a abrir una calle, parece que la tendencia actual es más bien quitarlas, convirtiéndolas en paseos, que por ahora no son marítimos pero en el futuro ya se estudiará, a ser posible con un convenio a tres bandas administrativas, que tiene más posibilidades de ir adelante. Cuando los munícipes abrían jardines, uno se preguntaba si habría suficientes pavos reales para tanto espacio verde; hoy lo que pongo en duda no es que existan caminantes, sino si no sería conveniente ir regulando el tráfico subjuntivo para evitar los monumentales atascos de tantos andarines como se van a apelotonar en esos paseos mientras estén libres de terrazas.


Que no cunda la alarma. León es una ciudad milenaria y fuerte. Superamos la capitalidad gastronómica sin que los bares abandonaran la inveterada costumbre de la tapa, aunque algunos ahora las pongan con palillos de plástico, como los cubatas en las fiestas del pueblo, así que es de esperar que también seamos capaces de reponernos de este atracón reformista.

Comer y reformar
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