miércoles 14/4/21

Libertad de pareceres

El mundo es una jaula sin fronteras, pero las jaujas tienen puertas. Que se lo digan a los balseros, esa nobleza de las pateras, cuando intentan entrar en Miami por la puerta del mar. Hubo uno que trató de huir de Cuba con una especie de todoterreno que había adaptado para navegar, aprovechando el giro de las ruedas. Tuvo suerte de que no consideraran navío a aquel engendro destinado a tocar fondo en aguas costeras. No creo que hubiesen desperdiciado combustible en detenerlo, pero dudo mucho que hubieran acudido a su rescate. La Jauja florida y latina de playas con muchachas de cachetes en tanga que sale en las películas y series americanas uno entiende que haga soñar a los mancebos de La Habana, pero en El Dorado de aquí, ahora que la comida diaria no está totalmente asegurada y el fútbol es en «pay per view», podemos ofrecer poco más que la libertad de una democracia avanzada a los ensueños de los subsaharianos que se echan al Estrecho jugándose la vida. Y, si hacemos caso al vicepresidente Pablo, ni tan siquiera eso. Para él, lo modélico es Cuba o Venezuela.

El asunto de la libertad de expresión anda estos días revuelto. Unos y otros se enzarzan tirándose tuits a la cara que cabe resumir así: es posible cantar insultos al rey emérito como el rapero Hasél pero no puede ponerse el himno en la calle de una urbanización de Galapagar. O al revés, que todo es según y cómo, ya se sabe. Aquí no hay sistema de castas pero los castas siempre llegan al poder, legislando a su conveniencia. La famosa alternancia lo es sobre todo de pareceres. Ora no nos parece punible copiar una tesis doctoral, ora nos parece que obtener un máster sin haber asistido ni a una clase no merece una sanción.

Uno, en el ejercicio de su libertad de pareceres, entiende que entrar en prisión por echar la lengua a pacer es excesivo, algo que no debería ocurrir jamás y de ningún modo. También que, ante el evidente fracaso de la más elemental instrucción, sobre todo digital —¿para cuándo una asignatura de «educación digital» o «comportamiento en redes» en los colegios?—, algún tipo de regulación es imprescindible. ¿Coercitiva? Gustavo Bueno, en Telebasura y democracia, abogaba por la cualificación y los internautas responsables. No a través de la censura sino por la persecución del delito.

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