martes 20/10/20

Pasatiempos

El confinamiento es un momento propicio para hacer listas. La de la compra comprimida y vigilada, estos días, todos la tenemos escrita y casi memorizada, y, ahora que las de jeroglíficos sobre pueblos leoneses que corren por las redes ya no dan para más, a uno se le ocurre que igual se podía hacer alguna que otra por el simple placer de hacerla. Así han surgido poemas memorables: a partir de una enunciación acumulativa o caótica, recopilando desde ingredientes para la felicidad hasta cosas que no se soportan en un poema. Como desde hace tiempo los diarios vienen flojos de pasatiempos —una palabra hermosa como pocas—, además podremos sentirnos por un rato como lectores de otra época.

Cosas que, antes de la televisión y las ventas por internet, apenas se veían por la calle y que a nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido pasear con ellas bajo el brazo. Esa es mi propuesta. No nos vayamos a lo fácil, muñecas hinchables o réplicas de dildos de la antigua Roma sin envolver, estrujémonos un poco el cacumen. Los primeros candidatos saldrían de las nocturnas teletiendas, esos programas publicitarios que promocionan patentes sacadas como de «La biblioteca de los libros rechazados», la novela de David Foenkinos que transcurre en Bretaña y se ha llevado al cine, película que les recomiendo. Uno no sabe quiénes serán los clientes efectivos de esos aparejos, pero si se comete la imprudencia de atender tres minutos al spot se termina convencido de la necesidad imperiosa de poseer esos cuchillos de cocina indestructibles, esa contundente plancha vertical de vapor o esas brochas que no gotean y traen accesorios esquineros terminados en punta. Con cualquiera de estas cosas, a uno le ven peatonando por el centro y le piden el dni, incluso antes de la cuarentena, por si va a perpetrar un homicidio.

Son objetos que nunca llegaban a provincias. Y, aunque ahora llega casi todo, desde los vaqueros rotos hasta las cabelleras teñidas de peluche, aún hay productos que uno no imagina ni en la sacrosanta intimidad de los leoneses. Qué sé yo, esa lencería creativa que promociona en Facebook —que veta la areola hasta de la luna llena— con modelos de caucho una página que se llama Deseo en inglés, por ejemplo. O las geometrías escocesas que ahora han pasado de las faldas tableadas y las pantuflas a los zapatos masculinos de sport. Siga usted. Hay tema.

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