lunes 06.04.2020

Editorial | Una sociedad en marcha no merece unos políticos y sindicalistas parados

España es un gran país y sus ciudadanos, a pesar de tanta leyenda negra, han sido capaces de sobreponerse a incontables episodios y coyunturas a lo largo de la historia. Una jornada, la del 2 de mayo de 1808 ejemplifica como pocas esa disposición tan española que facilita apretar los dientes codo con codo para plantar cara en la Puerta del Sol al mejor ejército del mundo. Ese día los valientes, que apenas estaban armados con navajas, eran observados desde detrás de los visillos por quienes tenían el deber de liderarlos, pero optaban por aguardar acontecimientos para posicionarse. Entre los militares sólo Daoiz y Velarde mostraron la honra que se les presuponía a todos, lo que hoy aún es reconocido con calles por todos los rincones de España.

Estos días son incontables los héroes que se enfrentan con coraje a este cruel y asesino invasor que amenaza nuestras vidas. Estamos encerrados en casa. Por necesidad. Pero a la vez hay una mayoría activa, tanto con tareas de auxilio frente a la pandemia, como realizando actividades para parar en todo lo posible el impacto de la crisis del coronavirus.

Trabajadores, autónomos y empresarios se afanan haciendo las cosas lo mejor posible para tener todo dispuesto el día en que se empiece a recuperar la normalidad.

A los ciudadanos tiene que sorprenderles la actitud pasiva ante lo que hace unos días era la emergencia plasmada en las manifestaciones del 26-F y en la llamada Mesa por el Futuro de León. Cuando sopla el viento de cara es cuando cada uno se da a conocer de verdad.

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