viernes 30/10/20

El grito

Edvar Munch fue un artista atormentado. Su madre murió cuando era niño. Igual que una de sus hermanas, enferma de tuberculosis. A otra hermana, con la que tenía una relación especial, la internaron en un psiquiátrico debido a un trastorno bipolar. Y su padre fue un hombre inflexible que educó al futuro pintor con excesiva severidad. 
Un día de 1892, Munch paseaba junto a dos amigos por una senda de la colina de Ekeberg con vistas a la ciudad de Oslo y al fiordo del Skagerrak, en el lugar donde el mar del Norte se junta con el Báltico, cuando sufrió un ataque de ansiedad. «De repente el cielo se tiñó de rojo sangre», escribió en su diario. «Lenguas de fuego», contó, «acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad», y apoyado en una valla, muerto de cansancio y temblando de angustia, sintió «un grito infinito que atravesaba la naturaleza». 


El primer cuadro que pintó para recrear aquel momento de tanta intensidad lo tituló La desesperación y representaba a un hombre con sombrero de copa, inclinado sobre una barandilla. No le gustó. Y pintó una nueva obra, con una figura más andrógina, sin sombrero, con las manos en la cabeza y la boca abierta, inspirada, opinan algunos especialistas, en una momia peruana que el artista había contemplado unos años atrás en la Exposición Universal de París.

 
Con el tiempo, Munch elaboró hasta cuatro versión de El grito, así acabaría por titular la obra, convertida en icono cultural en nuestros días, en un objeto reproducido en camisetas estampadas, tazas de cerámica y carteles. 
Confinado en el castillo de Villafranca del Bierzo, a salvo del coronavirus tras los muros de piedra, el compositor Cristóbal Halffter se inspira estos días en El grito de Munch para componer, a sus 90 años y recuperado de un ictus, una pieza orquestal. Halffter ha dejado a un lado su idea de escribir un Réquiem para cerrar su carrera y en lugar de un canto fúnebre ha decidido para elevar la voz. «Si la humanidad pegara un grito de vez en cuando nos iría mejor», ha dicho en un arranque de energía. Y no parece que haya desesperación en ese grito de Halffter. No es ansiedad ni angustia lo que transmite. Es una llamada universal, en el lenguaje de la música, a levantarse otra vez cuando todo esto pase. 

El grito
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