martes 27/10/20

Sin ataúdes en las cajetillas

Ando estos días enredado en una lectura de autoría singular. El aval del escritor llega por su experiencia trabajando en El País y el ABC, por aquello de que ha visto las dos caras de la moneda, y por su esfuerzo para combatir lo que denomina «la nueva arma de destrucción masiva»: las fake news.

«Por primera vez, políticos y gobernantes populistas con poder —incluidos los catalanes— han convertido a la prensa en el objetivo principal de sus críticas, ‘el partido de la oposición’, como le llama Seve Bannon, el polémico consejero de Trump», escribió hace ya un año y medio David Alandete. La cita mira directamente hacia el actual inquilino de la Casa Blanca y hacia los desmanes del independentismo, que han convertido la censura y la manipulación en especias con las que condimentar todos sus cocidos. Pero no podía ser más oportuna con lo que está ocurriendo en estos momentos en el Gobierno de España, o más correctamente en su ala escorada hacia la ultraizquierda que se ha lanzado en tromba contra la prensa, simple y abiertamente por no estar dispuesta a convertirse en mera correa de transmisión de lo que desea el aparato de Pablo Iglesias.

La información, la actuación en libertad de los profesionales, resulta fundamental y su ausencia genera consecuencias. No han sido pocas las citas de los últimos días al mítico Cinema Paradiso, que quizá no habría enamorado igual sin la música de Morricone. La campana del cura decretaba qué secuencias se cortaban. Alguien pensaba por todos. El viejo deseo de manipular porque se tienen verdades absolutas.

Quizá en España estemos pagando hoy el hecho de que durante semanas, en el duro confinamiento de la pandemia, se nos hurtaron unas fotos que resultaban fundamentales. Más allá incluso de esa infame manipulación de las cifras para intentar aligerar una tragedia de la que quizá no somos totalmente conscientes. La batalla contra el tabaco no habría sido igual sin esas horribles imágenes insertadas en las cajetillas con de sus consecuencias. Ahora, andaríamos con más tiento si no se hubiese censurado el poder ver los ataúdes y la ingente dureza con la que el coronavirus se llevó por delante a tantas personas y ha dejado tantos pacientes con vidas precarias...

Sin ataúdes en las cajetillas
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