martes 20/10/20

Comparsas que desafinan

El siglo XX estuvo marcado por dos orquestas conocidas por todos. La más antigua, viajaba a bordo del Titanic, y fue la que recibió la orden de seguir tocando pasase lo que pasase para conseguir que los pasajeros siguiesen tan tranquilos mientras el buque se iba a pique. La otra, también de muy triste recuerdo, reunía a profesores llegados de distintos países de Europa. Era la encargada de animar cada día la entrada de prisioneros o de infundirles ánimos cuando salían hacia los trabajos forzados en el campo nazi de Auschwitz-Birkenau.

Es la paradoja de usar una de las artes más bellas y más logradas por el ser humano, como es la música, para que sea parapeto de lo irracional, incluso para intentar tapar o mimetizar la barbarie y darle cuerpo de normalidad.

Salvando las infinitas distancias ahora nos toca sufrir de nuevo las comparsas. Hace una década se le daba más fuerte al bombo para acunar a un Gobierno agonizante que arrojaba millones de euros por la borda en forma de planes inservibles, y con un derroche vergonzante del dinero de todos en jardines, galgodromos y todo tipo de ocurrencias a las que se les ponía el sello E, y que hubo que pagar restando presupuestos a la sanidad y la educación.

Ahora volvemos a las andadas y se da por bueno, por parte de los palmeros habituales, que ni siquiera sepamos cuantos vecinos nuestros se han muerto por el coronavirus. Que se intente pervertir las realidades acusando de nuevo de antipatriotas a los que avisan de los nubarrones que se avecinan y que tendrán costosas facturas.

Lo más lamentable es que una vez más y, como si no hubiésemos aprendido nada, estamos rearmados en las trincheras. ¡Tócala otra vez, Sam! Y que se escuche más fuerte que al grupo de hooligans de la grada de enfrente.

No hace tanto nos hablaron de reconstrucción, de un pacto de Estado... qué lejos queda todo aquello.

Ahora, por fin, nos ponen fecha para la Mesa por León. Temo que no habrá sorpresas en el menú. Ni en los comensales. Nos sabemos la música y la letra de sobra. Los comparseros seguro que ya han cogido los bombos bien engrasados con ese dinero que a pesar de que en Hunosa decían que ‘nun ye de naide’, si tiene dueño: todos nosotros.

Comparsas que desafinan
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