miércoles 21/10/20

¿Dan ya su permiso?

Entre el maremágnum de decretos, leyes, normas, fases y demás enredos no tengo muy claro si caben las críticas. Nos dijeron que éramos antipatriotas —no, que eso fue la otra vez—. O quizá inhumanos, insolidarios... y algún recado que no me viene a la memoria, si preguntábamos los detalles de qué pasaba, cuántos muertos había y planteábamos algo tan poco democrático como solicitudes de aclaraciones.

Ahora, con la normalidad normalizada cabe esa duda. ¿Se puede ya? Temo que tampoco, que no queremos ni estamos dispuestos a encajar la mínima crítica sobre una gestión que nos ha puesto a la cabeza del mundo en asuntos tan denigrantes como el contagio de sanitarios o la mortalidad de personas mayores sin atención médica.

Podría tener lugar el reparto de culpas. Pero eso exigiría saber en realidad todo lo ocurrido, una situación que debería ser la normal en un país homologable, en el que incluso los jueces metiesen mano en casos como éste para reclamar todos los papeles, actas y documentos para investigar cada detalle. Temo que sus señorías no van a tener muchas ganas de exponerse a un posible linchamiento como el que ya hemos visto en quien sólo se limitó a plantear alguna pregunta que no gustó.

La nueva novedad esa también viene cargada de interrogantes. En el Diario se puede ver cada jornada la auténtica sinrazón de unos pueblos celebrando que abren sus piscinas justo al lado de otros que no. De quienes desprecintan columpios y los que los blindan. De conciertos en minihuecos mientras se impide el acceso a los aireados e inmensos campos de fútbol donde no sirve ni siquiera el patrón general del 75%. El otro día me comentaban que no tardando mucho veremos algún mercadillo medieval, de esos que tanto ayudan a las economías locales —no confundirse, es ironía—, porque quizá sí engrasan lo que deben para ofrecer una limpieza extrema y una separación que es imposible en los estadios. Por cierto, donde se abrazan para luego ponerse la mascarilla y separarse en la grada, en el mejor ejemplo televisado de tanta sinrazón. Fiestas no, aunque sí caben los actos que las integran normalmente, pero previamente cribados. Y qué decir de la macrofiesta de chavales en un chalet a los que al día siguiente no se les deja ir juntos al cole... Avísenme cuando se admitan críticas porque pasaron las emergencias. Tengo una lista... De momento, no. Es insolidario...

¿Dan ya su permiso?
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