miércoles. 06.07.2022

Educación bipolar

El curso se vive en la provincia entre fiestas. Arranca mermado por la Encina y acaba para San Juan. En este año singular han pasado muchas cosas en los centros educativos. Tantas que ahora que todo el mundo celebra lo ocurrido es bueno recordar que en septiembre se acusaba a los mandatarios educativos de ‘genocidas’ por enviar al matadero a niños, profesores y familias. Se auguraba que la situación sería insostenible en cuestión de días, a lo sumo semanas, y que se cerrarían los colegios. Los equipos directivos abrían las puertas literalmente extenuados tras un agosto de locos con preparativos exprés. Y justo cuando desde los sindicatos se proclamaba que nadie había hecho nada y que la imprevisión era total, llegó un mensaje de la Junta diciendo que variaba todos los límites medidos y remedidos, y que imponía nuevas distancias, desdobles, obligando a esos mismos directores, jefes de estudios, etc... a resetear todo su esfuerzo.

Cualquier alabanza no alcanzaría a reconocer el esfuerzo realizado estos meses. Y más con el abandono creciente que sufren los centros educativos. Tiene demasiado de batalla, de estar en primera línea del frente sintiendo el fuego amigo a las espaldas y, lo que es peor, con los estados mayores y los que supuestamente están para defenderlos afanados en pugnas y cuitas que nada tienen que ver con la realidad que viven.

Son muchos los colegios con problemas reales que son, quizá, el mejor reflejo de lo que hay en la calle. La impotencia frente a los que sin levantar un metro del suelo cada día se ensañan con los que intentan desasnarlos con respuestas como el ‘no quiero’, ‘me da lo mismo todo lo que digas’, ‘mi madre pasa de todo así que haz lo que quieras’, ‘déjame en paz’ y cómo no, el inevitable ‘no me da la gana’ que incluso en ocasiones llega dotado de un plus de insulto, amenaza o agresión física: ‘Je. je... hoy no te voy a dejar dar la clase....’.

En los coles se sienten abandonados, impotentes y aislados de un entorno y de una sociedad que convierte esos centros en espacios respiro para muchas familias que no saben qué hacer con sus tesoros. Cautivos y desarmados por un sistema que no les facilita fórmulas para tener un mínimo de autoridad se comen sapos que ni los consejeros, ni los sindicalistas, ni mucho menos la ministra del ramo se imaginan. La escuela malvive en una situación que se oculta a los debates sobre Educación. Qué curioso...

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