miércoles. 10.08.2022

Nada disuasorio

Aestas alturas parece evidente que lo del covid no nos cambió tanto. Al menos, para mejor, como nos decían. Como mucho nos ha distanciado ese palmo y medio a mayores, que aplicamos cuando se nos acerca alguien con tentaciones de incluir en el intercambio de saludos un hipotético beso o un apretón de manos. El covid se hace palpable en su avance hacia nosotros si el susodicho/a no es de nuestro agrado.

Pero también es cierto que las cosas evolucionan. No hay más que ver las calles y cómo se hacen presentes las nuevas formas de transporte. Al final lo que modifica el paisanaje no son los eslóganes ni los discursos, ni siquiera los boletines oficiales. La inapelable ley es la del materialismo. La que provoca que con cada crisis la sociedad se readapte a la cruda realidad que le toca vivir. La nueva y evidente crisis energética, que se expande por nuestros quehaceres diarios, está logrando lo que tantas veces nos dijeron incluso en la libros de texto de la EGB. El futuro pasa por medios de transporte colectivos, por la ‘zapatilla’ esa tan saludable, por la bicicleta y más modernamente por el patinete.

Hace poco más de 25 años las ciudades vivieron una mutación sin precedentes. Durante el siglo XX sus calles se adaptaron a la irrupción del coche, que lo dominó todo. Sólo hay que ver imágenes de no hace tanto tiempo con vehículos circulando o aparcados en territorios que hoy han quedado expeditos para el peatón. Aquello llegó, como suele ocurrir, con tiempos muy diversos según la ciudad

Ahora toca otro salto y también llega con desequilibrio. Desde hace años se habla de planes de movilidad más o menos regados con dinero público. En las grandes ciudades se trabaja en aparcamientos disuasorios, carriles de verdad válidos para los nuevos transportes, priorizando el bus eficaz, con intercambiadores...

En León lo del carril bici tiene mucho de camino a ninguna parte. No hay más que ver el ‘cráter’, de la zona de San Marcos, donde se hace imposible la continuidad.

Sobre los aparcamientos disuasorios se atisba uno en el horizonte, en la avenida de Asturias, con un dinero del plan europeo Edusi que quizá no quedará por las ramas.

Y sobre el bus, con ese reino de Taifas —alfoz incluido— que convierte Santo Domingo en un caos a todas la horas. ¿Nadie ha pensado en un intercambiador, como tienen otras ciudades, en un sitio céntrico como San Francisco? Eso por no soñar en clave de gran urbe con un subterráneo gastando bien el dinero...

Nada disuasorio
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