miércoles 21/10/20

Oído a la vía que vuelven los indios...

No recuerdo ni dónde ni cuándo, pero sí la sorpresa inicial que me causó el que un cardiólogo recomendase un cabreo leve al día. Tan singular receta venía acompañada de una explicación. Para limpiar las ‘cañerías’ es positivo bombear con un poco de fuerza los líquidos, algo que conocen bien en el gremio de la fontanería.

Opino que para eso nada mejor que leer o escuchar a alguien de esos que podíamos denominar los otros. Esos a los que sólo con verles abrir la boca nos sube la bilirrubina, la adrenalina o lo que sea. Es sano. También por la cantidad de veces en las que uno se da cuenta de que tienen razón. Muy pequeñita y fácilmente matizable, eso sí, pero la tienen.

Voltaire también es víctima de bulos. Al parecer ni pronunció ni escribió una de sus frases más populares: «No estoy de acuerdo con lo que dice, pero defenderé con mi vida su derecho a decirlo»... Cómo lamento que mi vocación por las heroicidades se resuma fácilmente en un episodio callejero: si un perro cae a un río, soy de los primeros que pregunta si resulta muy caro uno nuevo de esa misma marca...

Qué sano es alzar la vista del ombligo. En España seguro que no han hecho ningún favor a esa posibilidad presidentes como Aznar, Zapatero o Sánchez, tan cargados de verdades que apenas percibieron que había algo un poco más allá del último círculo de aduladores.

Lo temible del ansia de pedestales es que cuando las cosas se tuercen surgen las tentaciones más totalitaristas, como nos están mostrando estos días. Los intentos por llevar todo a su terreno están ya fuera de duda. Por eso defiendo que siempre es bueno leer y escuchar a todos, para saber por dónde se mueven y estar preparados para verlos venir cuando reactivan el chip mesiánico.

En los contenidos de las redes sociales existen una tendencia al autorrefuerzo que a veces distorsiona las cosas. Se comprueba cuando alguien asegura que nosequé es viral y observa las caras sorprendidas de otros. A cada uno le llegan las cosas de los suyos y eso le hace sentirse reafirmado —en el barro—. Lo viral es variable según quién cuente cómo le fue el mercado. Con gafas de madera es fácil decir que vivimos en la Champions de la economía o que tenemos la mejor sanidad del mundo. Eso sí, mientras se oye la orquesta del Titánic...

Oído a la vía que vuelven los indios...
Comentarios