miércoles 21/10/20

Toca adaptarse

El ser humano tiene una capacidad infinita para adaptarse a las circunstancias. No sé quién estará en el origen de la frase y voy a hacer un ejercicio de doble economía. Me voy a ahorrar el esfuerzo de buscarlo en Google y a ustedes les privo del gesto de pedantería que sería ponerles una cita como se dice en el futbol ‘para la grada’.

Hace un buen puñado de años, cuando servidor pisaba por primera vez la redacción del Diario se ponía en marcha la Guerra de los Balcanes. Recuerdo aquel horror de Sarajevo, que pasó en un suspiro de ser ciudad olímpica a exhibir todas las miserias que es capaz de sembrar el odio. Retrocedió siglos en apenas días. Supervivencia al límite. Eso los que pudieron esquivar los disparos de la llamada avenida de los francotiradores o se perdieron para su fortuna aquel baño de sangre en el que la artillería serbia convirtió una tarde las colas del mercado central.

El mundo dio la espalda a aquella masacre, como a tantas otras. La primera víctima de las guerras siempre es la verdad. Otra frase cansinamente repetida y no por ello menos cierta. Cada tiempo tiene su conflicto y ahora vivimos el nuestro. Si durante semanas nos ocultaron, pese a los avisos, la cruda realidad a la que nos aventurábamos, nos hemos sumido en ella con sucesivos avances informativos parciales. Y ahora hasta se nos oculta el alcance real de la tragedia. El objetivo se ha cumplido. Nos hemos acostumbrado demasiado rápido. Y no me refiero al sofá y al balcón. Pienso en ese dolor ingente de miles de personas sufrientes o que directamente han perdido la vida y que sólo atisbamos en unas estadísticas claramente manipuladas.

Y el futuro tampoco nos lo enseñan con claridad. El colapso de las arcas públicas y un paro desbocado es una previsión que se nos muestra a pequeñas dosis para que vayamos asumiéndola. Hay quien compara esto con otras tragedias para la humanidad. Sí, pero entonces desde los atriles se decían las cosas claras y se pedía el esfuerzo de todos para salir adelante. En pleno siglo XXI, en una democracia, no podemos asumir que nos maquillen las cosas. Esto no es China, donde todo se arregló sin casi bajas en el país más poblado del mundo... ni su vecina Rusia, donde ni se molestan en dar cifras. Aquí,no podemos dar por buena tanta patraña. Si hay que cortarse la coleta porque vienen los hombres de negro tenemos derecho a prepararnos. Sí, tenemos que acostumbrarnos a una vida distinta. Pero sin mentiras.

Toca adaptarse
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