martes 17/5/22

Hágalo usted mismo

En una carta al director publicada ayer en este periódico, José Viñas García pone el acento en la proliferación de gasolineras en las que no hay empleados y es el cliente el que tiene que servirse el carburante. El lector llama a la responsabilidad del usuario a la hora de elegir establecimientos que fomenten el empleo y ofrezcan el mejor servicio y precio. La llamada de atención sobre los surtidores y las gasolineras se puede extrapolar a otros trabajos que pierden capital humano para convertir al usuario en una especie de empleado de los productos que paga. Hay una conocida marca de muebles que vende como la mayor de las comodidades que el propio cliente sea el que traslade y monte en su casa el mobiliario que adquiere en el centro comercial. Tampoco hacen falta ya empleados en la mayoría de las tiendas porque todo lo que ofrecen los comercios, y mucho más, está disponible en ese gran hipermercado sin barreras que es internet, que todo lo abarca, menos el trato directo y el consejo del profesional. «A España no la va a conocer ni la madre que la parió». La famosa frase del entonces vicepresidente del Gobierno del PSOE, Alfonso Guerra, para referirse al cambio que experimentaría la España de los años 80, es una realidad global que aún hoy plantea incertidumbres sobre lo que seremos dentro de otros cuarenta años. En realidad no sólo no nos reconoce la madre que nos parió, sino que, y eso es lo más preocupante, no nos reconocemos ni nosotros mismos porque tenemos poco tiempo para la reflexión. Por eso, agradezco tanto que si usted, amable lector, haya decidido emplear al menos cinco minutos de su tiempo en leer esta columna, teniendo, como tiene, tanta oferta disponible y accesible al alcance de un click. Piense en la sociedad española de hace un siglo. De aquel artículo titulado Vuelva usted mañana escrito por Mariano José de Larra en 1883 para denunciar la pasividad y la lentitud burocrática, hemos pasado al ‘hágalo usted mismo’ y no espere más, ahora mismo si puede, que es la filosofía con la que nos manejamos en esta sociedad informatizada en la que los oficios desaparecen para convertirnos a todas las personas en una especie de pulpos multiempleados para abarcar mucho y atender a poco con meditación. Es sencillamente, imposible llegar a tanto. Y donde antes había contratos, derechos y deberes laborales ahora hay una confusión de supuestas lealtades y sacrificios por el bien común, que cada vez, sin embargo, en más común que no sea un bien. Gracias a la tecnología y la ciencia la sociedad avanza, pero también se complica, y si no que se lo digan a las personas mayores. Y da igual la edad que tenga ahora y cómo se maneje con la tecnología, mañana será mayor y encontrará dificultades para hacerse con lo último del momento. «‘¡Eh!, ¡mañana le escribiré!’. Da gracias a que llegó por fin este mañana que no es del todo malo: pero ¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!», terminó Larra su artículo hace 139 años. Parece que fue ayer.

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