miércoles 2/12/20

Los menores, un ejemplo

Los niños y las niñas de León, sin hacer ruido, son un ejemplo a seguir en esta pandemia. Esta generación que se incorpora para pedir la vez dan lecciones de civismo y solidaridad sin levantar la voz pero, al mismo tiempo, con el ejemplo de sus actos que son como altavoces en estos momentos de pandemia. Soportaron con buen sentido del humor las dificultades de los estudios, muchos de ellos con escasos recursos, durante tres meses de confinamiento. De esa experiencia salieron con algo de peso y más enganchados a las nuevas tecnologías, pero con el ánimo impoluto. Cuando se les permitió salir, salieron. Jugaron donde pudieron pese a que los parques se cerraron para evitar contagios. Cuando se abrieron los colegios allí fueron sin miedo, deseosos de recuperar sus relaciones sociales, pero concienciados de que tenían que respetar las normas. Y lo han hecho con un sentido de la responsabilidad de la que carecen muchos adultos. El otro día, paseando por la ciudad, pasé por delante de varios bares que, para sortear los efectos económicos devastadores del cierre de la hostelería, dispensan cafés para llevar. En la misma acera, grupos de tres o cuatro personas comparten charla, vaso de plástico en mano, sin mascarilla y, algunas personas, con un cigarro y muy poco distanciamiento físico. Es una estampa que se repite en las calles de la ciudad. Muy cerca de allí, la chiquillería está en el recreo en el patio del colegio. Están sentados en el suelo, en círculo, a más de dos metros de distancia unos de otros. Comen el bocadillo de media mañana y charlan animadamente. Ríen. Cerca hay otros compañeros que caminan por el patio, bien distanciados, con la mascarilla puesta. Son sólo dos ejemplos de comportamiento incívico, el primero, y cívico el segundo. Los resultados de las pruebas PCR que realizan a los menores, y que publica hoy este periódico, demuestra que los niños y niñas se contagian fuera del colegio si tienen contacto con un adulto infectado. Los pediatras de León destacan que, por la experiencia de esta segunda ola, las infecciones se producen fuera de las aulas porque dentro los menores soportan como campeones las mascarillas, llevan a rajatabla la desinfección de manos y guardan la distancia de seguridad que imponen las normas sanitarias, lo que les ayudará —eso se espera— a que este invierno lo pasen con menos enfermedades víricas que otros años. Los niños y niñas de León son una muestra de que hay motivos para la esperanza. De que este mundo reflejado en las voces de los que ocupan los espacios de poder tiene poco peso fuera del círculo viciado de un entorno tóxico que nada tiene que ver con la realidad que viven las personas cuya luz es imposible de apagar. Sólo los hechos cuentan.

Los menores, un ejemplo
Comentarios