viernes. 01.07.2022

Carta de un leonés en Galway

Papá, mamá, no os preocupéis. Vuestros hijos están bien. Ya vuelan solos y son capaces de sobrevivir, de vivir, lejos de vosotros, aunque os echen de menos. El frío y los miles de kilómetros que separan Galway de León no son nada en comparación con el calor con el que te reciben en el extranjero. Ahora los amigos son la familia y cuando aterrizas tu máxima preocupación es encontrar a un español. Ahora tienes familia en Madrid, en Granada, en Extremadura, en Galicia... Porque casa es donde te cuidan, donde te ayudan, también cuando las cosas se tuercen.

 

Pero para llegar lejos primero hay que ser valiente. Alguno de León lleva en Irlanda nueve años, cautivado por el embrujo de sus gentes, el olor profundo e infinito a madera, humedad y cerveza Guinness, su pasión y capacidad para democratizar la música, sus borrachuzos entrañables —no agresivos—, su buena educación en el trato personal, sus verdes acantilados y voraces mares, hasta por el color gris de la lluvia, la tempestad. El invierno, duro y austero, ayuda a que te sientas como en casa. Otro de León va a hacer un año en la península del trébol y lo único que proclama es la ambición por conocer mundo. ¿Que el idioma es una traba? May be. Sin embargo no es un muro, y aunque lo fuere, seguro que tu actitud encuentra una forma de saltarlo. ¿Te gusta conocer personas? ¿Te gusta viajar? La barrera del lenguaje es la única que has de superar. Cumplir tus propios objetivos, cerrar etapas, crecer como persona, son escalones que has de ascender para enmanciparte. Y duele asumir que, en cuestión de oportunidades laborales, casi todos los países valoran más tu formación, tus ganas o tu predisposición que en España. Me he encontrado a tanta gente joven perdida en mi país que la visita a la ciudad del galgo ha sido como una ventana abierta en un irish pub —los irlandeses avivavan el fuego tirándose pedos—.

 

Quizá no sean el mejor ejemplo para hablar de avances sociales o humanos, la influencia histórica de la Iglesia les hace arrastrar cargas de naturaleza retrógrada: el aborto, la homosexualidad, el divorcio se convierten en problemas allí... Pero sí que es el ejemplo perfecto para animar a los indecisos, los frustrados, los que redundan en las tierras de la monotonía, el trabajo temporal, el estudiar y no encontrar empleo... Tu jugada maestra está fuera cuando en casa has agotado todas las cartas: atrévete y disfruta la partida. Ésta de un leonés en Galway no te dirá nada nuevo, de hecho quiénes han inspirado estas letras hablaron de las personas, los momentos y las aventuras, como la mayor fortuna que, con rostros triunfantes, mostrarán al regresar a su hogar. Pero sí que insistirá en despertar tus inquietudes sin temor a nada, a nadie, y mucho menos a una línea geográfica que ejerce de frontera. El horizonte es tuyo.

Carta de un leonés en Galway