lunes 26.08.2019

Cháchara

Lo peor de toda la hojarasca verbal que han vertido contra la campaña de la violencia machista andaluza es que no sirve para nada, como los propios anuncios, como las medidas que tratan de proteger a las mujeres

Lo peor de toda la hojarasca verbal que han vertido contra la campaña de la violencia machista andaluza es que no sirve para nada, como los propios anuncios, como las medidas que tratan de proteger a las mujeres. Lo peor de toda la cháchara es que es huera, que sus mentores sabían de su inutilidad antes de agitar el debate, que el propósito con el que comenzaron esa controversia era tan irrelevante como la propia operación publicitaria que siempre —siempre— tiene como único objetivo justificar cargos y sueldos y nunca, ayudar a las víctimas. Mujeres felices y rostros repetidos, actrices que prestan su sonrisa a una causa que nada tiene que ver con la trivialidad de un spot, que la realidad es tan tozuda que da igual los caminos que tratemos de abrir para ocultarla.

Existe más allá de las palabras, más allá de lo que decimos, de lo que queremos, de nuestras expectativas y reflexiones, porque la realidad no nos necesita, es tan indiferente a nuestra voluntad como una gran carcajada, una mueca que se nos aparece antes de la siguiente noticia. Pero aquí estamos, entretenidos con una pancarta mientras el contador macabro sigue su escalada hacia lo inaguantable. Ya son 38 las asesinadas por violencia de género en 2019, familias —sus hijos también son víctimas— abiertas en canal mientras nos peleamos por una maniobra de distracción.

El marcador de esta realidad siniestra ya ha sobrepasado el millar desde que hay contabilidad de la muerte. Me da miedo escribir la cifra exacta porque puede que esta madrugada la aritmética sume y nos despertemos con el titular de otro crimen. Algo tiene que cambiar y no son los slóganes, que sólo camuflan la realidad. No es eso. Hace falta más dinero, más medios, más juzgados de violencia, más casas de acogida, más implicación para que una mujer sepa que tras denunciar no tendrá que regresar a la cama que comparte con su asesino. La verborrea de estos días ha sido un desatino más, juegos florales con los que tratamos de limpiar nuestra conciencia sobre la tumba de mujeres acribilladas.

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