miércoles 27/1/21

Distinta nieve

Noviembre de 2019 paralizó León. No voy a decir miles, porque ya no damos para tanto, pero centenares de personas —la mayoría de ellas rozando la centuria— se quedaron fuera del mundo, sin luz, sin acceso al médico, a la farmacia ni a a la justicia alimentaria. Nadie esperó que llegara Pablo Casado con una pala a desescombrar los restos de la nevada, ni que Pedro Sánchez se bajara del Hammer para imponer el orden, ni siquiera hubo alcaldes que, como Almeida, solicitaran no ya la declaración de zona catastrófica sino la de la propia existencia, pero, como tituló Julio Llamazares, hay distintas nieves. También difieren las personas. Las de aquí salen durante todo el invierno con su pala para limpiar; ellos esperan a que los militares de la UME les lleven a la silla de la reina. Y eso que pagan menos impuestos. La nieve... En León es invisible, tan descolorida queda que, más allá de los reportajes de los Amudsen que nos descubren desde la capital, no mereció ningún titular ni apertura de informativo. Nadie se acuerda ya de que hay un trabajador muerto bajo el alud que sepultó su rutina para siempre. La distancia que aleja cada vez más la España despreciada del resto es la que va del blanco al negro del apagón, al blackout en el que nos sumerje el nuevo periodismo, cada vez más cercano al enfoque de lo conveniente.

Blanco es el color de la falsa y burda pelea entre PSOE y PP en Madrid, la ayuda mullida que siempre seguirá llegando para los que siguen sin necesitar nada. Hasta aquí no llega luz suficiente para que la nieve se vea. Sólo la vemos nosotros, y ya nos vamos olvidando. Sin embargo, la memoria palpita bajo esa nieve, mesnadas de historias, de hombres, de hambres, de afanes rugen olvidados por el frío del desdén.

«Le tengo que dar las gracias por no hacer nada de nada», le dijo el alcalde de Palacios del Sil al subdelegado del Gobierno hace un año. Habían desactivado la alerta. La muerte no fue suficiente para que las máquinas les ayudaran a llegar. Como si todo fuera igual... ni siquiera basta con la vida.

Distinta nieve
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