lunes 21.10.2019

El final del carrasquismo

El PP lo ha perdido todo en León. Hoy viene Teodoro García Egea a poner paz en medio de la miseria. Como las madres ucranianas que cantaban a sus hijos para que se olvidaran del hambre, viene la mano del rey a repartir las migajas que quedan tras la batalla, a conciliar a las partes o a acabar definitivamente con alguna de ellas. Cinco años después del asesinato de Isabel Carrasco, la provincia se ha ganado para el PSOE. Javier Alfonso Cendón, el matemático que se hizo cargo de un partido que parecía noqueado, ha conseguido llevar a los socialistas al palacio de los Guzmanes 24 años después, José Antonio Díez regresa a San Marcelo tras el coitus interruptus que supuso el final de Paco Fernández y Celso López Gavela ya no es una anécdota para Ponferrada.

 

Pero siempre es un adverbio imposible —memento mori— y las sombras son el mejor lugar para el rearme. No hay nada como perderlo todo para saber que no hay nada que perder. En el colegio nos mandaban al cuarto de pensar, un lugar en el que gastábamos el tiempo que ahora creemos que podemos ahorrar. Pero el tiempo no se conjuga en transitivo, y hay sujetos —talento, por ejemplo— con los que ocurre lo mismo. No se puede desperdiciar y menos en tiempos de mudanza.

 

Dicen que hoy desplazarán a Ricardo Gavilanes, como si les sobrara la capacidad y la inteligencia. Si esto fuera de rearmar el partido, le pondrían en el lugar que deja Ángel Calvo, pero los partidos políticos tienen razones que la razón desconoce y los hay que se permiten obviar fortalezas con las que encarar el futuro. No hay nada como dormir con tu enemigo para progresar. Es un acicate, siempre, porque lo único que de verdad funciona es la dialéctica. Puede que en el PP estén que lo tiran, pero no harían mal en hacer que la convergencia funcionara en esta ocasión. Por lo demás, fue un falangista el que hizo que las Cortes franquistas se suicidaran. Ese sí sería el final del carrasquismo.

El final del carrasquismo