viernes. 01.07.2022

La saliva de Matías

Ni es un tránsfuga ni traga saliva. Matías Llorente es un no adscrito, que es muy diferente y, además, él mastica las flemas ¡qué asco! para no tener que decir que no está de acuerdo con eso de la Región Leonesa, que sólo aceptó pactar con el leonesismo para ser vicepresidente. Algo así dijo ayer, que viene a ser lo que siempre ha demostrado con sus actos, aunque luego haya querido disimular con lo de Cabreros del Río y todo eso. Es muy normal que un sindicalista o lo que sea don Matías lleve más años en Ugal que Franco en el Pardo —digo antes de que le enterraran— no te digo ya en la Diputación. No sé si él también pierde dinero o si el dinero no le importa nada, pero lo que no tiene mucho sentido es que sea uno de los que más guerra ha dado para recrecer los embalses leoneses a costa de León. Puede que sea por eso que le hace bola el leonesismo y el esté por hacer comunidad (de Castilla). Puede que, también por eso, se lleve tan bien con Eduardo Morán, presidente del PSOE de Valladolid. Lo más inaudito de todo su discurso —que cada alcalde haga lo que quiera ¿eh?— fue su autoproclamada condición de apolítico. Perdón, de apátrida de los partidos, como asumiendo que él no está en la cosa pública por ideales como motor del cambio sino para estar, que es una condición de todos los que presumen de despreciar la res pública cuando llevan cuarenta años en la pomada.

En fin, que primero con el PSOE y estos últimos tres años en la UPL, Matías Llorente ha hecho lo que mejor se le da: estar, hablar, polemizar, sonreir, mandar. Mandar, que ahí está el fondo de la cuestión, tanto ha mandado que —que cada alcalde haga lo que quiera ¿eh?— sólo faltaba que alguien se le fuera a subir a las barbas, ahora que ha advertido, una vez más, que él no ha venido a vivir de esto y que, ya saben lo que dicen siempre los que sólo militan en el interés del pueblo, esta es la última vez que se presentará.

A partir de hoy, empieza todo, ha dicho sin decirlo, y eso que sólo le queda un año. Después de él, el caos. Cuarenta años de paz.

La saliva de Matías
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