domingo. 14.08.2022

Vivir muerto de miedo

Hay ganas de guerra o, al menos, hay personas a las que les va la marcha. Parece que una de ellas es Nancy Pelosi, que ha desembarcado en Taiwán para hacer ver al mundo que ella está a favor de la democracia. Los demás, no, podría haber dicho al despedirse. Esto de ir de campeones de no sé qué con el hambre y el horror de los demás es un ejercicio de hipocresía del peor. Este verano he leído Los cañones de agosto, la obra de Barbara W. Tuchman que me recomendó Gonzalo, una muestra del terror que provoca la frivolidad de los poderosos que saben que la muerte no irá con ellos.

Eso es precisamente lo que ha hecho la presidenta de la Cámara americana, un gesto de provocación innecesario en un momento particularmente peligroso. En la entrevista que Antonio Turiel concedió a este periódico hace dos meses, ironizaba con la querencia de Occidente con ir a democratizar países cuando tiene necesidad de materias primas. Parece que los semiconductores estarían detrás de la actitud que ha llevado a Pelosi a provocar el lanzamiento de misiles desde China.

Aún recuerdo una clase en la universidad en la que el profesor de Economía, nos preguntaba qué pasaría si los chinos dejaran las bicicletas y empezaran a consumir combustible. Pues en eso estamos, en que el invierno se acerca demasiado rápido y la guerra se considera, una vez más, la mejor manera de salir de la crisis.

Puede que este asunto se resuelva de manera momentánea, pero cuando despertemos el dinosaurio seguirá ahí, acechando la siguiente noche para que ya no seamos capaces de dormir. Ahora que están a punto de emitir la precuela de Juego de Tronos, no es mal momento para recordar que los dragones están entre nosotros, que llevan demasiado tiempo volando sobre nuestras cabezas y puede que decidan bajar y darse un festín. Decía Ángel González que hay que ser muy valiente para vivir muerto de miedo y en este viejo mundo que nos espera sus palabras resucitan con significados nuevos.

Vivir muerto de miedo
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