jueves 17/6/21

Editorial | Indolencia e irresponsabilidad en la gestión del avance de la pandemia

Es evidente que, pese a la campaña de vacunación, el covid-19 sigue causando estragos, a la vista del reporte diario de contagios, incidencia y fallecimientos. La tercera ola no sólo nos pilló desprevenidos, sino sobre todo confiados. Y, como consecuencia, la reacción para buscar soluciones fue tardía, mal gestionada y venenosamente politizada. En ese escenario, que es general y no particular, Castilla y León —cuyo estado actual no es, ni mucho menos, tan catastrófico como el de otras comunidades y que siempre se ha mantenido en el margen de la prudencia— se vio obligada ayer a endurecer las restricciones relativas, dejando al margen otras que habrían sido socialmente más dolorosas.

La desautorización posterior por parte del Ministerio de Sanidad en relación con el adelanto dos horas del toque de queda y los argumentos y el tono de los pronunciamientos esgrimidos posteriormente por una y otra no vienen más que a poner en evidencia la tensión política generada e irresponsablemente exacerbada. En un caso tras el parapeto de una reunión con alcaldes de grandes municipios y diputaciones provinciales, con interpretaciones discrepantes, como se vio luego, y en otro al amparo del matiz de la preceptiva comunicación previa a la autoridad delegada. Un espectáculo político indignante que deja atónito al ciudadano ante el arrojo de unos y la inacción de otros.

Pero al margen de esa situación y a la vista del reporte diario de daños, que sin duda tienen también su origen en el relajamiento general de la población y la irresponsabilidad personal, resulta exasperante la descarada indolencia, la dolosa pasividad y la pasmosa incompetencia con la que se está gestionando la vacuna en algunos territorios.

Es inadmisible que un país que ha hecho un esfuerzo ingente por adaptarse con diligencia a las circunstancias impuestas vaya a tardar seis meses en vacunar a la mayoría de la población, cuando la disponibilidad del fármaco contra el covid es bastante más amplia. Es inaceptable, casi criminal, que en el diario recuento de muertos se pierda la noción de lo que vale una vida humana. Y también que siga habiendo quienes no cumplen las mínimas normas para contribuir a erradicar esta maldita plaga.

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