Diario de León

Editorial

León y San Andrés, catorce días para contener el virus y tomar conciencia

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Las advertencias han sido muchas pero los efectos escasos. Nadie puede decir que León no estaba avisada. La escalada de contagios durante la segunda ola de la pandemia puso a la capital en el punto de mira más de una vez aunque nunca se llegaron a tomar medidas drásticas. El anuncio ayer de la consejera de Sanidad, Verónica Casado, de aplicar en León y parte del alfoz las restricciones de movilidad pactadas entre el Gobierno central y las comunidades autónomas viene a confirmar una situación que en los últimos días ya se consideraba inevitable. La Junta aboca a 200.000 habitantes a extremar las precauciones, ahora por mandato, y a reducir al máximo su contacto social en un intento de contener una situación que hace dos meses estaba controlada y que se nos ha ido de las manos. Nadie seguramente se sentirá personalmente responsable de que León haya sido, después de Madrid, la segunda ciudad ‘pseudoconfinada’ del país pero lo cierto es que se han combinado una serie de circunstancias que tienen en su eje principal la falta de concienciación para realizar los sacrificios que imponían las circunstancias.

Todo apunta a que la relajación ha campado a sus anchas en reuniones familiares, celebraciones de amigos y botellones varios, y que ahí se encuentra una causa importante de este desatino.

Es cierto que la apertura de los centros escolares traía sus riesgos pero a día de hoy no se puede considerar que su incidencia haya sido decisiva en la escalada, con algo más de una veintena de aulas en cuarentena y sin que se haya producido ningún brote relacionado con estos los casos detectados.

A la luz de las informaciones facilitadas ayer por la Junta, las restricciones que se impondrán durante los próximos 14 días reproducen los puntos de los acuerdos de la semana pasada, aunque también es cierto que las autonomías tienen la potestad de endurecer las medidas en caso de que se considere necesario así que todo es susceptible de empeorar.

Además de contener la propagación del virus, la preocupación ahora es cómo evitar que este nuevo varapalo no suponga la puntilla para la economía leonesa y especialmente para la hostelería, el sector que aún no había levantado cabeza y que ahora es el que más va a sufrir las consecuencias.

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