domingo. 07.08.2022

Editorial | Más palos en la rueda de la circulación en la nacional 120

La carretera nacional 120 aglutina desde hace años todo el cauce de desarrollo en el que tiene puestas sus esperanza la provincia de León. El tráfico, que deriva de la actividad económica, es la medida de las perspectivas a través del corredor central del territorio, palanca de cohesión, la femoral del sistema de circulación que se ve condicionado por una presión fácil de eludir. Después de años de reivindicación de municipios y poblaciones afectadas por el tránsito de la carretera está fuera de duda que el estrés que sufre este vial tiene una solución sencilla: la liberalización del peaje de la León-Astorga facilitaría unos niveles razonables y ordenados de circulación, lejos de la posición saturada que presenta a diario y que condiciona la calidad de vida en las localidades afectadas, puesto que la carretera cruza en travesía urbana. Todo el repertorio de densidad de circulación, la presión de los vehículos pesados, la paciencia de los peatones que apenas pueden cruzar de orilla a orilla la carretera forman parte de un serial que cuestiona la seguridad vial en este pasillo de la N-120, que empeora con el detalle de los índices altos de siniestralidad por accidente. En medio de la indolencia de las autoridades, se suma otra gota a la lista de incidencias con la que rebosa el vaso de la nacional: el firme de la carretera ha entrado en un ciclo de deterioro que ya empieza a condicionar los trayectos de los usuarios, sobre todo en tramos bien marcados de los trechos por los que transcurre hasta superar la ribera del Órbigo y el trasiego en el alto páramo, en las inmediaciones de San Martín del Camino y Villadangos. La vía interurbana de doble sentido de circulación con más tráfico entre las que discurren por la provincia leonesa pide a gritos una intervención urgente; para demostrar el respeto de las autoridades a los usuarios que se ven obligados a elegirla para atender a sus obligaciones laborales porque la alternativa es el agravio de pagar un peaje en la vía de alta capacidad que discurre paralela; un intervención urgente, para evitar que regrese la sensación de rubor que marcó durante años la circulación por la León-Benavente. Esas cosas de la gestión pública que sólo arregla la inversión.

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