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Editorial | Primero de Mayo con nubarrones

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Al demoledor balance de la Encuesta de Población Activa sobre el mercado laboral leonés conocido anteayer —4.100 parados más en el último trimestre, 2.400 empleos perdidos y una tasa de inactividad (7.500 personas más) superior a la de actividad— se suman nuevos datos que convierten el Primera de Mayo en motivo de triste conmemoración, que no de celebración.

Y es que a los 27.300 desempleados —una cifra discordante con la muy superior, 33.657, que ofrece el desempleo realmente registrado— y a la segunda tasa de actividad más baja del país hay que sumar los 7.344 leoneses que continúan afectados por regulaciones temporales de empleo y otros 4.134 que todavía se mantienen cobrando ayudas públicas.

A la vista de estos datos —y de los no mucho mejores registrados a nivel nacional—, parece evidente la urgencia, más que la necesidad, de que en este momento crucial para el mercado de trabajo se movilicen todos los recursos posibles, tanto públicos como privados, para recuperar el empleo perdido durante más de un año como consecuencia de la pandemia.

Pero, extendiendo la mirada a un horizonte más amplio, también parece necesario afrontar los déficits crónicos del mercado laboral. Y entre ellos, en primer lugar, el desajuste entre las necesidades de las empresas y la formación para el trabajo, romper la precariedad que genera el fraude en la contratación y el empleo no declarado en la economía sumergida y la exigencia de formar permanentemente a los trabajadores ocupados para mantener su empleabilidad y garantizar la estabilidad, tanto para el propio empleado como para el empleador.

Y sobre todo parece necesario asumir que no será posible afrontar reto de generar empleo con futuro sin contar con las empresas en general y, de manera concreta en nuestro entorno, con las pymes en particular, capaces de reactivar sectores clave para nuestra economía, como la hostelería y el turismo, el comercio y los servicios, las nuevas tecnologías y el sector bio y la agroindustria, impulsando la apuesta por la industrialización. Las medidas paliativas, con ser necesarias para conservar al máximo el tejido productivo, no son suficientes para acelerar el cambio necesario. Es exigible e inaplazable que las administraciones públicas implementen recursos que corrijan los graves desequilibrios que atenazan a la provincia de León, el primero de ellos la constante y dramática pérdida de población, y que faciliten la actividad económica y emprendedora, que es la única que puede generar empleo productivo.

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