Diario de León

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No será este juglar de columnas quien canté a Trump eso de «no te vayas todavía/ no te vayas por favor». Tampoco le haré cortes de manga o pedorretas. Hay que alegrarse sin perder la compostura. Cuando quedó confirmada su derrota electoral abrí una caja de chocolates que tenía reservada, para cuando en casa hubiese algo que celebrar. Y vaya si lo celebré. Esto bien vale unas calorías, me dije eufórico. Los bombones fueron cayendo de tres en tres. Incluso los de coco, que nunca me han hecho gracia. Según mi mujer, engullí algún envoltorio. Lo importante era festejarlo. Y vaya si lo festejé. Fue imaginármelo pataleando rabioso y una sonrisa luminosa de oreja a oreja recorría mi rostro. ¿Soy malo por carcajearme de su derrota con rabieta?, me pregunté al masticar uno de trufa, a la vez que reservaba el de avellana. Y sigue alegrándome el día visualizarlo tirándose furioso del tupé. O dándose de cabezazos contra la pared. O mordiéndose la corbata.

Lo mío empieza como cosquilleo, luego me viene la risa y si no me siento me caigo. Dicho en mi defensa, Washington queda lejos para ir a darle palmaditas de consuelo en la espalda y estar de vuelta para dormir. Ni siquiera puedo garantizar que al dárselas no me dé la risa floja. Mejor le ofrezco mi sofá para que se exilie unos días. No es muy grande, pero se han posado sobre él ilustres posaderas. «¿No me dirá que Cervantes…», preguntará perplejo don Donald. Él no, pero bien pudiera haberlo hecho, siglo arriba o abajo. Si decide venirse, arrámbleme antes con todos los bombones rojos que pille en el despacho oval, de esos que le manda a Putin. Y —ojo— he escrito bombones, no botones. A ver si nos la lía el último día.

A Trump le han votado muchos, pero le han botado aún más. Ven, el retintín me sale solo. Un botarate puede llegar muy alto en política. Ahora, le toca bajar.

«¿Y a Paquirrín no le ofrece su sofá? Las del mozo también son posaderas ilustres», se me apostillará. Ilustrísimas. Pero a él no, es de ruidos nocturnos y uno está en la edad del sueño ligero. En serio, si se quieren desternillar cierren los ojos y visualicen a Trump haciendo la maletina. Y después, hala, a darle al bombón. A dos carrillos. ¿Cabe una derrota más dulce?

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