jueves 09.07.2020

Adiós, adiós…

Días de tanatorio y de oraciones. Don Ismael, el padre de mi amiga Kety Yugueros ha muerto a los 106 años. Me lo presentó hace casi dos décadas, con motivo de estar trabajando en un artículo sobre la batalla de Teruel, pues había participado en la misma y mantenía intactos los recuerdos. Natural de Valporquero de Rueda, estar curtido en el frío de la tierra le ayudó a sobrevivir en el frente turolense, cuando deambulando perdido a más de 15 grados bajo cero acertó a sepultarse bajo un montón de boñigas de vaca, cuyo efecto calorífico le evitó que la bayoneta de la congelación terminase con él. ¡Todavía en aquel diciembre de 1937 le quedaba tanto por vivir, además de contribuir a traernos al mundo a Kety y a sus hermanos! Descanse en paz, don Ismael. Fue testigo de un siglo y de buena parte de otro. Adiós, adiós, don Ismael. Siga usted tejiendo en el cielo calcetines. También ha fallecido doña Domi, la madre de Teresa Mata, exsubdelegada del Gobierno y catedrática de Derecho. A ella tuve ocasión de conocerla en Alcalá de Henares donde su hija me presentó un ensayo cervantino. Me dijo minutos antes de comenzar: «¡Qué suerte tenéis los leoneses, Teresa todo lo hace bien!». No fue jactancia, sino certeza materna. Falleció a los 87 años. Una mujer encantadora. Adiós, adiós doña Domi. Y leo consternado que ha fallecido Moncho Llamazares, alma de La Trastienda. Lo siento mucho. Precisamente tenía intención de consultarle acerca de un libro sobre Nagasaki. Adiós, adiós. Saluda de mi parte a Cervantes, a Chesterton, a Tolkien…

Lo escrito ya aquí: el misterio de la Navidad no son tanto los niños como los padres. O mejor, los hijos adultos que aman a sus progenitores, estén o hayan partido. Porque adiós no siempre conlleva despedida. Y desde Estados Unidos recibo una preciosa navideña de Marga Marino, quien nos desea «Felices Humanidades», en uno de esos hallazgos poéticos tan suyos. En 1988, fui a su casa a hacerle una entrevista y al final de la misma, no sé cómo ni el porqué, le hablé de mis padres y se me saltaron las lágrimas. Me dio un besín y un vaso de agua. Cuando nos vemos se lo recuerdo. Y ella me sonríe cómplice, porque conoce el estribillo de este blues. Pese a todo… adiós, adiós también a ti, 2019.

Adiós, adiós…
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