martes 07.07.2020

Bailar no se olvida

Nos hemos quedado sin fiestas. Una pena, pero era necesario. Una pandemia no se combate a lo Gila: «¿Está el coronavirus? Que se ponga». Y más aún teniendo en cuenta que hay quienes aún van sin mascarilla. En una romería o en un baile esta tropa de irresponsables nos lía un Pearl Harbor. Ahora toca festejar de otras maneras, divertirse es un malabarismo de la imaginación. Pero con sentido común. ¿Acaso si hubiese un ataque zombi dejaríamos a los críos bajar al quiosco a comprar chuches, aunque se aburran confinados? «¡Anda ya, exagerada!», se quejaría la hija preadolescente. Criaturita. Aún no se pueden celebrar fiestas y hay que asumirlo. Las tragedias, incluidas las económicas, son otras. «Pues yo no si en verano no bailo Arriba con el tiro liro liro me falta algo», apuntará mi lectora romántica. Lo entiendo, me declaré en una noria a mi mujer. También don Suero echará de menos las justas medievales. Y Manolo Escobar su carro, pero ahora no le toca salir a buscarlo. La periodista Esther Bajo tiene una expresión muy simpática: «¿Hace una fiestuqui?», que consiste en una merienda cena en su casa, con tres o cuatro amigos. Cuando regrese a León la haremos. Lo importante es reencontrarse, pero hay quienes necesitan hacerlo con toda la guía telefónica a la vez. Estar vivo, pese a todo, ya es motivo de celebración. ¿Merendolas en familia se pueden hacer? Si, pero una paellada para 500 personas y con orquesta no cuela como tal, aunque se celebre en el camarote de los Marx. Seamos serios también a la hora de divertirnos. Además, bailar no se te olvida. Y quien tuvo, retuvo.

Más han de lamentar la anulación los feriantes y los hosteleros. Pero si queremos volver a festejar en multitud hemos de cumplir ahora con las restricciones, pese a alguna que otra incoherencia en las mismas. Lo importante es vivir.

Señora… si quiere volver a bailar lo del tiro liro liro, al menos aquí abajo, dígale a su marido que se ponga la mascarilla Los caras salen caros y su factura la pagamos todos. «¿Está seguro, Aguirre, que bailar no se olvida?», preguntará don Juan Tenorio. Me alegra que me haga esa pregunta. No se olvida, ni siquiera esa modalidad de la jota en la que usted está pensando, pillín.

Bailar no se olvida
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