martes 24/5/22

El desterrado andante

Debo volver a proclamarlo aquí: nuestros mejores amigos nacieron ya siendo viejos amigos nuestros. ¿No resulta paradójico? Víctor Fuentes —Madrid, 1933— reside en Estados Unidos, desde 1954. No quiso hacer el servicio militar bajo el franquismo y se le declaró prófugo. Había participado en las protestas universitarias de 1952. Acaba de publicar la reescritura de su Morir en Isla Vista (Verbum), con un cambio sustancial respecto a quién cuenta la historia. O mejor, a quiénes. El cuerpo de alguien llamado y apellidado como él aparece devorado por los tiburones. «Asesinato… ¿ o suicidio creativo?». E irrumpe un pasado en el que la ficción no es reverso de la verdad, sino su complemento. Lleva el subtítulo Novela del destierro. Asistió en Chile —y nada de lo que sigue es ficción— al que quizá fue último concierto de Víctor Jara… y en Estados Unidos se comprometió con la lucha del campesinado chicano y con los movimientos antirracistas, se manifestó contra la guerra del Vietnam, abogó por el teatro estudiantil como herramienta de lucha, defendió la liberación sexual y el feminismo… se jubiló como reconocido crítico y catedrático de Literatura, en la Universidad de Santa Bárbara, California… de todo esto y de más —como del daño que hacemos al amar o al no amar— nos hablan los narradores (manuscrito, grabaciones, ecos). La paz interior no se logra con olvido o resignación. ¿Dónde puede ser hallada más que amando? Y, a veces, con la literatura.

Él mismo bromeaba sobre la versión de 1999: «Tiene el honor de estar en la lista… de libros menos vendidos». Pero ya no hay excusa, de nuevo está en las librerías. Dicha primera salida —¿tal don Quijote?— inspiró a Margarita Merino el poema Las mil muertes de Víctor Fuentes.

Ficción casi como su vida misma. ¿Segunda salida quijotesca? El camino es aún muy largo y le queda mucho amor por los perdedores —de nuestra guerra y de los otros— en su mirada de niño aterrorizado por los bombardeos, que cruzó de la mano de su madre la frontera. Tres fueron las salidas de don Quijote, dos las de esta gran novela. Un honesto autoexorcismo sin ira. ¿De dónde saca mi viejo amigo tanta luminosa vitalidad? Sin duda, de su enorme corazón de desterrado andante.

El desterrado andante
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