domingo 20/9/20

En efecto, felicidad

Van a pensar los lectores que escribo tanto sobre el crooner leonés Javier Arias para que me contrate como maraquero. Me gustaría, pero lo hago porque la buena música pone luz en la oscuridad, en la exterior y en la interior. Fui al concierto que dio con los Hockerties, dentro de la programación gratuita ofertada por el Ayuntamiento de León, en el Palacín. Fabuloso y muy bien organizado, pese a la incomodidad para el público de llevar mascarilla y de mantener la distancia, medidas que nos benefician a todos. De nuevo, homenajeó a las grandes voces de la música popular del siglo XX: Elvis, Sinatra, Martin, Jones, Orbison, Vinton, Aznavour, Serrat… Pero las mejores canciones no son solo mérito de quienes las compusieron y/o las interpretaron, representan también el logro de una sociedad que supo valorarlas. Arias y sus músicos cumplieron con creces su misión de hacernos felices. Y ojalá que nosotros con la nuestra: que regresaran a casa con la paz de sentirse valorados y queridos. Los aplausos proclamaron todo aquello que nuestras mascarillas ocultaban. A mí, que amo esa música, todavía al día siguiente me duraba la felicidad y calculo que ahí estará por lo menos hasta mañana por la tarde, hora arriba o abajo. No sé si estamos en guerra o en su posguerra, sí que esta música me cobija. Todo el concierto fue una proclamación vital. En efecto, felicidad.

A veces, una obra maestra no es valorada porque se anticipa a su tiempo, otras porque golpea los cimientos del presente. He vuelto a ver El nadador, interpretada por Burt Lancaster, en 1968. Fue un fracaso de taquilla, pese a ser una obra maestra. Cuenta la historia de un hombre de negocios que en el chalé de unos conocidos decide regresar a casa nadando de piscina en piscina. Me recuerdo a mí mismo viéndola de crío en la tele. No pude captar entonces todo su significado, sí pude percibir que trataba acerca de una dolorosa verdad del mundo adulto. Los naufragios más dolorosos son en tierra firme. Y ciertas canciones son maderos a los que aferrarse.

Por motivos horarios, Arias y The Hockerties no pudieron ofrecer bises, pese a los muchos aplausos recibidos. No importa, la llovizna que nos esperaba fuera contó como una de Cole Porter.

En efecto, felicidad
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