jueves 09.07.2020

Huyamos, vuelve el XIX

AL TRASLUZ |  «¡Tiene usted razón, Aguirre, como en el medievo en ninguna parte!», me dirá mi vecino del décimo. Pues tampoco. Lo que me gusta es un presente con calefacción, pero sin acaloramientos ni sofocos

En España nos estamos poniendo algo decimonónicos. Y es que el siglo XIX nunca se nos fue del todo. Los actuales nacionalistas son la prolongación de aquellos otros que llevaban levita, leían folletines y descargaban en orinal. A mí aquello no me atrae tanto como para hacerle un remake. «¡Tiene usted razón, Aguirre, como en el medievo en ninguna parte!», me dirá mi vecino del décimo. Pues tampoco. Lo que me gusta es un presente con calefacción, pero sin acaloramientos ni sofocos. Por cierto, había empezado ya a conmemorar el centenario de Galdós, adentrándome en ese cosmos que es Fortunata y Jacinta cuando me entero que el 13 de enero llega a las librerías una edición ilustrada por el leonés Toño Benavides y con prólogo de José María Merino, en Reino de Cordelia. Interrumpo la lectura y me espero. ¿Habrá ilustrado cuando Juanito Santa Cruz ve por primera vez a Fortunata, mientras ella, mantón al hombro, come un huevo crudo y del que además le ofrece un chupetón? El burgués quedó epatado, y no era para menos. Por estas y otras muchas cosas, Buñuel admiraba tanto a don Benito, del que adaptó Nazarín y Tristana, a mayores de otras que utilizó como punto de partida o pasajes concretos. A la espera de la visión de Benavides, entre los grandes ilustradores europeos, leo el último ensayo de Víctor Fuentes, Galdós 100 años después y en el presente (Visor). El prestigioso crítico visitó en 1981 al director de El perro andaluz, en su casa de México. Al despedirse le dijo el aragonés: «Y vuelva a verme cuando sea de mi edad». Llevaba el surrealismo tatuado.

Ramiro Pinto me ha fotocopiado el monográfico que el diario Mensajero Leonés le dedicó, en 1905, al tercer centenario del Quijote. Muy interesante. Nuestra ciudad seguía con un pie y el mostacho en el siglo pasado, y lo que te rondaré morena. Pero decimonónica y vanguardista era también la excelente Fundación Sierra Pambley. En el XIX hubo de todo, como en las calderas del payés Pere Botero. Y en la botica parlamentaria, claro.

En fin, que vuelven los malos decimonónicos y dando gritos. Paso por la levita y el folletín, pero por lo del orinal aún no, ni siquiera si es de porcelana fina. Bastante me costó darle el esquinazo al XX.

Huyamos, vuelve el XIX
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