lunes. 27.06.2022

La buena gente

En 1939, en un campo de concentración francés, Eulalio Ferrer cambió su cajetilla de cigarros por una edición para niños del Quijote, editada por Calleja. No fue trueque abusivo, ambas posesiones pueden dar consuelo. Le habían entregado la cajetilla en el paso fronterizo y él no fumaba. Ya en el exilio, fundó la Asociación Cervantista de México y pondría en marcha importantes proyectos cervantinos. Recordé -de nuevo- está historia de la cajetilla mientras asistía, el pasado jueves, al diálogo online sobre el libro Miguel de Cervantes. El poeta que fue novelista (Pigmalión), entre José Montero Reguera —autor— y Fernando Romo —prologuista—. Un acto modélico en su rigor académico, pero también en su cordialidad, organizado por el Instituto Cervantes de Palermo, que dirige la poeta y filóloga Beatriz Hernanz. Nuestra cultura no tiene fronteras. La cordialidad es lenguaje y la elegancia de la buena gente. Asistieron prestigiosos cervantistas, desde distintas ciudades y países —este juglar de columnas es mero becario en la venta de Palomeque—. Celebramos a una este logro filológico de Montero (estudió en nuestro instituto Padre Isla y me gusta fardar de ello). Alegrarse de los logros ajenos es una de las satisfacciones que aún nos quedan en este mundo herido. Fue como estar todos sentados alrededor de una misma mesa familiar. Ayer, en entrevista en El País, el gran cervantista francés Jean Canavaggio afirmaba: «Quizá, el español se ha desquijotizado». Cierto, ya no confundimos ventas con castillos. Mejor así, lo importante es no descervantizarse. Y la cordialidad ayuda a ello, pues es sabiduría del corazón.

No es cierto que las Humanidades sean conocimientos sin aplicación práctica en el mundo laboral: son saber y conducta. Transmisoras de conocimiento no efímero, y nos universalizan. En 1957, en el Festival de Cannes se estrenaba el Don Quijote rodado por el ucraniano Grigori Kozintsev . Hoy, en Ucrania, seguro que un joven filólogo sueña con perfeccionar su español y poder así editar algún día a Cervantes.

No veo soluciones próximas al horror, pero sé que algún lugar alguien está cambiando una cajetilla tabaco por un Quijote… y no es un trueque abusivo sino cordial, entre buena gente.

La buena gente
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