jueves 09.07.2020

Llorar sin ojos

Son misteriosos los caminos por los que ciertas obras de arte llegan a ti. Hace dos días he visto en casa una película muy bella: Nagasaki (2015), de la que poco sabía. A sus 85 años, el director Yoji Yamada nos prometió darlo todo y lo cumplió: una madre viuda que ha perdido a su hijo por la bomba atómica recibe en casa visitas de este, con quien establece diálogos repletos de preguntas sin respuesta, pero entrañables.

 

Sin embargo, no se trata de una historia de fantasmas, tan típicas de la cultura oriental. La madre, japonesa y cristiana, le reza a diario a la Virgen. Gran parte de la crítica habló de que el filme contenía «elementos fantásticos», pero la religiosidad no es fantasía, ni magia. En 1945, Hiroshima y Nagasaki eran las dos ciudades de Japón con más cristianos. Suelo ver las películas con mi mujer, pero esta vez ella tenía un compromiso. Al llegar me preguntó qué me había parecido, contesté: «Extraordinaria… menos mal que estaba solo, no hubiese podido disimular mis lágrimas». Pero no todas fueron de tristeza. El amor resultó inmortal y la única curación, para vivos y muertos. Aquellas dos bombas atómicas cayeron sobre la Humanidad, sin destruirla del todo. Al terminar, me pregunté por qué el cine occidental es, salvo excepciones, incapaz de expresar sentimientos religiosos profundos. Y por qué en España no se he hecho aún una película así sobre nuestra guerra civil.

 

La bomba destruyó la catedral de Nurakami. Entre los escombros, fue encontrada la talla de la Virgen, a la que la explosión radioactiva había derretido sus ojos, que eran de cristal. Quedaban solo dos cuevas negras. Había sido tallada en España, hacia 1900, y se cree que fue una donación de nuestro embajador. Convertida en símbolo del anhelo universal de paz, en 2010 fue llevada en peregrinación por ciudades europeas que habían padecido bombardeos aéreos, entre ellas Gernika. La Virgen de Nagasaki llora sin ojos.

 

El hijo muerto le dice a su madre, con ternura no exenta de humor: «Qué país tan enigmático es Estados Unidos, capaz de hacer bellas películas, como Rhapsody in blue, y de arrojarnos bombas atómicas». Lector: la tienes en la Biblioteca Pública. Pero un consejo: mejor solo, por si las lágrimas.

Llorar sin ojos
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