miércoles 8/12/21

Marga Merino, épica de la amistad

Quedo con la poeta leonesa Margarita Merino y Stephen J. Lindsay —su marido— a comer en una terraza en el centro. Llevamos mascarilla y hemos renunciado al achuchón, salvo al de las palabras de afecto. Hasta aquí no tiene nada de extraño, se dirá el lector. Siempre que vienen de Estados Unidos -donde viven- nos vemos. Pero esta vez fue el miércoles pasado y mientras se jugaba el España-Argentina. Se lo dicen a Homero y se inventa un calambre, pero este juglar de columnas ni siquiera sugirió convertirlo en merienda cena. Margarita es ella sola unos juegos olímpicos. Ya tiene en librerías Las edades poéticas de Antonio Gamoneda (entre 1947 y 1998), con origen en su tesis doctoral. Obra de gran interés, por el estudiado y por quien lo estudia. ¿Quién en nuestro país es capaz de escribir 11 páginas de agradecimientos, que además de serlo hacia el poeta y su obra, son un canto a una democracia verdadera, al noble respeto a los maestros (en las aulas o en la vida), recuerdo de los padres y celebración de la infancia, respeto a los vencidos de las guerras y del amor, reivindicación de la concordia sincera…? Leeré el libro con gran interés, porque al leerla siempre siento que está cerca, aunque se encuentre en Tennessee observando a un gorrión en su jardín. El libro incluye al final una larga entrevista que le hizo a Gamoneda en 1996, en la que ella se maravilla de su sentido del humor: «Y hasta reidor». Pero no hay contradicción en esto, sino misterio. Ya sabes, amiga, que Cervantes nos enseñó que a veces humor rima con amor y con dolor.

En la dedicatoria de mi ejemplar me ha pintado un corazón, el arcoíris con pájaros y una nube de brazos abiertos. ¿Quién podría terminar los agradecimientos deseando al lector «Constitución, paz y salud». En mi casa se les quiere mucho y nos sentimos muy queridos por ellos. Es la épica de la amistad.

Y como esto es ciudad pequeña y donde aún cabe justicia poética, en la mesa de al lado estaban Gamoneda e Ildefonso Rodríguez. Adiós, Margarita, eres mundial, olímpica y mágica. Sigue metiendo goles. Sigue ganando incluso cuando pierdes. Sigue cerca incluso cuando estás lejos. Qué suerte tienen los gorriones en Tennessee. Y el gran Steve, claro.

Marga Merino, épica de la amistad
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