miércoles 25/5/22

¿Ni al gato?

En León capital, a alguien le han tocado 143 millones de euros al Euromillón. No ha sido a mí, palabra. A este juglar de columnas ya se le habría escapado un grito de Tarzán. O un zapateado bajo la lluvia. O mostraría cara de alegre emoticono. Justo lo que, dicen, no debe hacerse. No hay que proclamarlo. Además, tocar es un verbo que aquí se queda algo corto. Un piano se toca. Un timbre, también. Y la madera. En efecto, hay que inventarse otro verbo. Pero tampoco ganar me parece el apropiado. Se gana al parchís, el Planeta, en Eurovisión… incluso una colleja… pero no 143 millones de euros. Ahí se lo dejo a nuestros académicos. No obstante, creo que la suerte está sobrevalorada, me fío más de san Judas Tadeo. Ah, cuánto nos sorprenderemos cuando allá arriba se nos revele las veces que fuimos ayudados. Dicen que el nuevo multimillonario debe hacerse el sueco. «Me sé algunas canciones de Abba», me dirá. Ni hablar. Mejor poner cara de Buster Keaton. Y nada de tartamudeos sospechosos, ni de invitar el primer día a Kiko Rivera a jugar al golf, ya habrá tiempo para alternar con los vips. Un premio así hay que disimularlo, nada de proclamaciones. ¿Ni al gato? A él menos aún, el mío se fue de la lengua cuando me tocaron 60 euros en una pedrea y el festejo me salió por setenta. Los mininos tienen 7 vidas, 143 millones no dan para tanto.

En la anterior columna les conté que el móvil se me había caído en el cubo de la fregona, y que no pude salvarlo. Ya tengo otro, pero en casa descubrí espantado que me hablaba con voz de coronela del KGB. Por su cuenta, una cotorra. De pesadilla. Lo que necesito de un teléfono moderno es que me vaya a comprar el pan o que me arregle un grifo, no que sea un pelmazo. Mi amiga Rayani me desinstaló el molesto blablabá, como hace años me encontró las gafas que llevaba días buscando: dentro del portal de Belén. La riqueza de la amistad, en cambio, sí debe ser proclamada. Y la proclamo aquí.

Le pregunté a mi mujer que haríamos nosotros con ese premio del Euromillón y llevaba un rato enumerando listas cuando la interrumpí: «Aún no has citado nada para ti». Y nos sonreímos, que también es proclamar. Bueno, vale, paisano multimillonario… al gato sí puede decírselo.

¿Ni al gato?
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